Inspiración (Parte 3)


Presiona para escucharlo en el podcast

¿Recuerdas los primeros dos artículos? ¡No te los pierdas! Para recapitular, solo compartiré una cita del anterior porque entraré de lleno a contarte el caso de otra escritora.

Este nuevo artículo es un tanto extenso, pero no dejes de leer porque se pone muy bueno o, si prefieres, puedes escucharlo en el podcast.

Dios nos sorprenderá y la historia con cada uno de nosotros será distinta, aunque es el mismo Dios que nunca cambia. Así que, dejemos de mirar cómo lo hizo con aquel o aquella como no sea para darnos cuenta de que:

1) Él se encargará de dejarnos saber que sí escribiremos,

2) nos dejará saber sobre qué escribiremos,

3) lo hará de la manera que Él quiera,

4) y lo hará todas las veces que sea necesario por el tiempo que sea necesario…

Yazmín Díaz Torres, en «Inspiración» (Parte 2)

La hija del pastor

En la Introducción de su libro, La hija del pastor: la verdad que muchos no se atreven a hablar, su autora, la pastora Raquel E. Cruz, narra cómo surge este libro:

«Recuerdo que era sábado. Luego de orar e intimar con Dios durante las horas de la mañana, sentí un fuerte impulso de parte del Señor y fue cuando tomé la decisión de no esperar más y escribir. Por primera vez, me senté frente a la hoja en blanco. Admito que el deseo de contar mi historia nació desde mi adolescencia mientras crecía como hija de pastor al darme cuenta de las injusticias que se vivían dentro de la familia pastoral».

Fin de la cita

Quiero contarte cómo conocí a Raquel, solo para ilustrar cómo el Señor se las trae cuando le ha encomendado una tarea a un hijo suyo. Bueno, hemos visto una y otra vez cómo le fue a Jonás, así que no debemos sorprendernos. Lo que quiero es asegurarte que, si Dios designó que escribas para Él, dudo que puedas escaparte.

Conocí a Raquel en la universidad. Una noche, creo que en el receso o al final de la clase se me acercó y me dijo algo así: «Profesora, yo voy a escribir un libro y quiero que usted me lo corrija». Creo que sucedió lo mismo en el segundo curso en el que compartimos cuando ya había más confianza entre nosotras. Tanto así, que nos mantuvimos en comunicación esporádica a través de whatsapp por varios años.

Aunque le contesté que sí y lo hice genuinamente, la verdad no pensé ni que se haría realidad ni que no. No pensé en eso más. Varios años después, se comunicó conmigo después de mucho tiempo de no saludarnos a través de la aplicación. Me expresó nuevamente lo del libro y acordamos dialogar a través de Zoom. En medio de la conversación, sentí la presencia del Espíritu Santo, quien confirmó que escribiría y lo que Él haría a través de ese libro: traería sanidad y restauración a la vida de los hijos de pastores, así como a sus familias. Creí totalmente en su proyecto de escritura y me involucré en él. Lo sentí como una encomienda del Señor.

Ella fue muy diligente y terminó de escribir el libro muy rápido. Quedé sorprendida. Trabajar en él fue difícil porque el tema es complejo, dramático y exige una gran determinación y valentía al tratar un tema muy real, pero a la vez, muy controversial. Sabía que le traería censura, críticas severas, rechazo del mismo cuerpo de Cristo. No te lo niego: hasta tuve miedo de las repercusiones que podría tener para mí y mi apenas comenzado intento como editora. Sin embargo, ambas sabíamos que se trataba de una encomienda del Señor y que Él la había preparado para este tiempo.

¡Déjame contarte! Un día, estaba escuchando un podcast de un influencer puertorriqueño, quien entrevistaba a un colega. Al terminar la entrevista, le hizo una pregunta que suelen hacer los entrevistadores, pero que yo sentí que no se relacionaba en nada con el resto de ella: ¿Qué es lo más difícil que ha sucedido en tu vida? Recuerdo haberme sorprendido por la pregunta porque no era “ese tipo de entrevista», así que en cuestión de segundos, determiné que el entrevistado respondería con cualquier cosa para salir del paso, ¡pero no fue así!

Con la misma pasmosidad con la que había hablado antes, narró lo que nadie se hubiese imaginado. Creo que después de eso es posible que haya desistido de hacer nuevamente esa pregunta. Este fue uno de esos momentos que uno recuerda como en cámara lenta: dónde uno estaba, qué hacía… El joven adulto, supongo que estaría en los tempranos treinta, pero puedo equivocarme, relató que el momento más difícil había sido cuando tuvo que acusar y meter preso a su padre para entonces hacerse cargo de su madre y hermanas.

Tal vez, estés pensando que eso ha sucedido antes. El asunto aquí es que él era el hijo de un pastor. El hombre, quien seguía sin que se le alterara la voz, terminó de relatar la terrible historia. Yo hubiese deseado no escucharlo. Además, el hecho de que yo hubiese encontrado ese podcast que yo nunca había escuchado y que me hubiese detenido a hacerlo, ya era demasiada casualidad. Sin embargo, en el mundo de las casualidades, eso no era nada porque lo que yo habría de escuchar certificaba, confirmaba, justificaba, tristemente, el libro de Raquel y mi participación en él. Te cuento esto con mucho respeto hacia Dios, hacia Raquel, hacia este joven y otros como él que de una forma u otra se relacionan con el asunto que ella trata en su libro. No me alegro, ¡jamás! Ojalá no tuviéramos que contar estas historias.

Cuando el entrevistado compartió sus redes sociales, las anoté y le conté a Raquel, quien ese mismo día le escribió un mensaje por correo electrónico. Para nuestra sorpresa, él también le contestó ese día y le concedió una entrevista que quedó, en parte, registrada en el libro. Parecía como si quisiese contarles a todos su historia.

¿Casualidad? El afamado escritor Paulo Coelho diría que es suerte de principiante y que el universo conspiró para que eso sucediera. Tú y yo sabemos que para los hijos de Dios no hay casualidades. ALGUIEN conspiró, sí, pero no el universo. Dios estaba muy interesado en ese libro, en denunciar lo que algunos hijos e hijas de pastores -y, en muchas ocasiones las ovejas también- viven cuando se convierte a Dios en religiosidad y legalismo. Pero ese no es el único propósito de Dios, Él también quiere libertar, sanar, restaurar, transformar, salvar, propósito que se logra a través del libro de Raquel y su ministerio.

Este libro no se gestó de la noche a la mañana. Vino formándose sin que ella aun hubiese nacido. Luego, en su infancia, adolescencia, y hasta en su adultez enfrentando lo que recoge en este que acertadamente tituló La hija del pastor: la verdad que muchos no se atreven a hablar. Entonces, en un momento dado, Dios le dio la fortaleza para estudiar en la universidad, sueño que no había alcanzado, pues lo que se le dijo cuando se graduó de escuela superior fue: “¿Para qué estudiar si Cristo viene pronto?”.

Allí nos conocimos y este sería apenas el segundo libro que editaba y el primero en otros procesos que conlleva la publicación de un libro. ¡Fue difícil! Y así se desencadenaron en ese periodo de su vida una serie de sucesos que conflagraron con la encomienda que le había dado el Señor de plasmar su historia y tratar este asunto que tanto le interesa a Él en un libro para entonces llevar este mensaje alrededor del mundo. Ella aceptó la encomienda, sintió desde muy pequeña la convicción y hoy es testigo de Dios, es su Escritora-Embajadora. Raquel se convirtió en la pluma del Señor. ¿Lo harás tú?

Presiona la imagen para verlo en Amazon

Hoy, junto a su esposo, el Pastor Raúl Rivera, ministran sanidad interior y restauración a otros ministros y a sus familias, entre otros servicios a los que el Señor los ha llamado. Su libro ha impactado a muchos hijos de pastores. Incluso, a «ovejas» que vivieron bajo lo que yo llamo el régimen de la religiosidad y, por ello, cometieron casi los mismos errores con sus hijos.


Inspiración (Parte 2)

Presiona para escucharlo en el podcast

Si no has leído todavía la primera parte de esta serie, tal vez quieras detener la lectura e ir a ella. Sin embargo, para que tengas una idea:

A través de esta serie de artículos, intento -a fin de cuentas-, convencerte de que escribas a pesar de las posibles dudas que puedas tener de si fue el Señor quien te dio la encomienda o no.

Utilizaré ahora otro libro de la pastora Maggie de Cano titulado De la vergüenza a la victoria, en el que describe cómo el Señor le fue hablando sobre este otro libro: Aquí comienza la cita:

Hace algún tiempo, Dios me habló de tres palabras que comenzaban con la letra “V”. En la visión que me dio, representaban las alas de una mariposa preparada para alzar el vuelo. Las palabras que Dios me dio eran “vergüenza”, “valentía” y “victoria”. (…)

Cinco meses después de esta visión, Dios envió una maravillosa señal que confirmaba lo que había puesto tan fuerte en mi corazón.

Una noche, una enorme y bella mariposa agitaba sus alas de un lado a otro en nuestro garaje. Nunca había visto una así, y menos en el área donde vivo con mi familia.

Le tomamos fotografías y video, y ella no se movió, permaneció allí, detenida en el techo como si dijera: “Solo vine a confirmar lo que Dios te habló”. Era una mariposa Atlas, y según Google, es la más grande del mundo, mide entre 25-30 centímetros.

Fue sorprendente porque solo habitan en los bosques tropicales de Asia. ¿Cómo pudo llegar hasta nuestro garaje?

Fin de la cita

Definitivamente, Dios no deja de sorprendernos. Por eso es por lo que, a veces, me desespero cuando la no le permitimos a Dios ser Dios, no le permitimos al Espíritu Santo ser el Espíritu Santo. Hemos determinado cómo debe hacer las cosas y, si no es así, no es Dios.

Lo cierto es que Él nos anunciará de ese libro o de cualquiera que sea la misión que nos haya encomendado, como sea que lo haya determinado. ¿Quién entiende la mente de Dios? A Él no le falta imaginación.

¿Es que de verdad le queremos decir cómo hacer las cosas? Yo creo -sin ánimo de ofender- que algunos vivimos una fe muy aburrida, demasiado esquematizada y que pretendemos controlar.

Somos tan espirituales, tan rectos y celosos con las cosas de Dios y lo que en realidad sucede es que nos perdemos las maravillosas maneras de Dios.

¡Ah!, pero cuando oramos en voz alta o le adoramos, le decimos: «¡Tú eres Majestuoso, Todopoderoso, Hacedor de Milagros…!». ¡Contradicciones! ¿No crees?

En fin, Dios nos sorprenderá y la historia con cada uno de nosotros será distinta, aunque es el mismo Dios que nunca cambia. Así que, dejemos de mirar cómo lo hizo con aquel o aquella como no sea para darnos cuenta de que:

1) Él se encargará de dejarnos saber que sí escribiremos,

2) nos dejará saber sobre qué escribiremos,

3) lo hará de la manera que Él quiera,

4) y lo hará todas las veces que sea necesario por el tiempo que sea necesario…

¿De cuántas maneras cuenta Maggie de Cano que el Señor le habló? Le habló a través de una visión, pero luego dice que Dios le envió una señal para confirmarle lo que ella sentía tan fuertemente en su corazón a través de una mariposa imposible de encontrar en esa parte del mundo donde ella vive.

Su familia fue testigo de esa manifestación. Es posible que haya quien no le crea, que piense que es porque como tiene habilidad para escribir, tiene una gran imaginación, pues se le hace fácil crear todas esas historias.

¡Wow! Yo creo que eso a quien ofende es a Dios.

Inspiración (Parte 1)


Presiona para escucharlo en el podcast


Lo ideal sería que el Espíritu Santo de Dios nos diera de un tirón todo el libro y que lo descargara a nuestra mente y que, la mente, conectada con nuestra mano, transcribiera todo lo que contiene ese documento.

Eso es lo más fácil y esa también es una de las maneras como Él lo hace, claro que sí. No obstante, ¿realmente no es de Dios o no es el tiempo de escribir si no se da de esa forma?

¿Y qué hacemos entonces con los libros y manuales de discipulado, libros de texto y de consulta profundos y muy especializados de teología, por ejemplo? ¿Qué hacemos con los comentarios bíblicos, diccionarios, concordancias? ¿Y qué de las investigaciones? Esto solo por mencionar algunos ejemplos.

¿Es que acaso esos escritos no fueron comisionados por Dios? ¿No fueron inspirados por Él porque requirieron de un esfuerzo y disciplina intencionales y muy rigurosos ?

Estaríamos diciéndole a Dios cómo es que debemos cumplir con la tarea de escribir que nos ha comisionado. Estaríamos diciendo: «Yo soy el jefe o la jefa. Yo decido cuándo, cómo y dónde escribiré».

Estaríamos diciéndole: «Hasta que no me des todo el libro (como un «downloading»), no voy a escribir».

Sin entrar en los detalles de los expertos, quienes se han dedicado a estudiar el oficio de los escritores de Dios, veamos algunas de las formas como Dios lo hace.

Para ello, quiero compartir fragmentos de unos pocos libros de escritores del Señor en este y en próximos artículos. ¿Para qué?

Para ilustrar cómo Dios los convenció de que debían escribir y de que debían hacerlo sobre un tema en específico. Lo hago con el fin de que tú también reflexiones en ello.

¿Por qué? Porque, a veces, por temporadas, nos sentimos inseguros. No queremos que sea nuestra voluntad, sino la Suya. No queremos enfrascarnos en tareas y proyectos que Él no nos ha encargado. Sin embargo, en muchos casos, esta ha sido la excusa que nos hemos dado para no escribir.

También, para que veamos cómo fue el proceso de escritura de manera que nos convenzamos de que Dios no tiene que aparecérsenos, no tiene que enviar un ángel, no tienen que haber estrellas fugaces ni fuegos artificiales.

Dudamos, sentimos que necesitamos confirmación. El problema es que, en ese empeño, buscamos, a veces por años, esa confirmación en otros a quienes Dios no les habló. A quien le dijo fue a ti porque Él es el Dios que se comunica, que habla y de muchas formas con sus hijos.

Él quiere hablar con nosotros en todo momento, escucharnos y hablarnos, así como todo padre y madre que ama a sus hijos quiere hacerlo.

La experiencia de un solo escritor será distinta con cada libro e, incluso, en un mismo libro.

Sin embargo, cuando los escritores cuentan la forma como se convencieron de que debían escribir y hacerlo de un asunto en específico, también es usual que encontremos aspectos en común.

Cita con tu destino

Utilizaré ahora un libro de la pastora Maggie de Cano titulado Cita con tu destino. No incluí todo lo que me hubiese gustado, pero estos fragmentos son muy buenos para ilustrar la idea que deseo dejar en tu mente y en tu corazón.

He colocado cursivas, negrillas y he divido los párrafos según me pareció conveniente:

Lo que más me emociona es que este libro estuviera en el corazón de Dios antes de que existiera. Me encontraba, un 6 de agosto, en un congreso de mujeres. Estaba lista para compartir lo que nuestro Señor había puesto fuerte en mi corazón, así que no imaginé que me había llevado a ese lugar para hablarme de manera tan directa y especial respecto a lo que estaba demandando de mí.

Había pensado en un libro para solteras donde pudiera plasmar la opinión de Dios respecto a su situación, para que supieran que, en todo, es Él quien tiene la última palabra, pero se quedó allí, solo en un pensamiento.

Sin embargo, cuando tus pensamientos se encuentran con el corazón de Dios, suceden muchas cosas. Él nos empuja y nos pide que vayamos más allá de nuestra zona de confort, que hagamos más de lo que se nos pide, entonces, debemos estar dispuestas a caminar la milla extra.

Dios me había colocado ese día en el lugar correcto y con la persona correcta para hablar a mi corazón:

Hay un libro que aún no se escribe, la mejor versión viene ahora, el Espíritu Santo se ha sentado contigo en las madrugadas.

Dice el Espíritu de Dios: «Yo he estado allí, y esto es confirmación de lo que has estado haciendo. He estado allí sentado al lado tuyo en ese escritorio. Ese libro lleva fuego, ese libro lleva restauracion».

(…) Siento la urgencia con este libro de que te prepares, que prepares tu corazón porque este es el tiempo para ir a la cita con tu destino.


Estoy segura de que te has identificado con algunas de las cosas que nos cuenta la autora en la introducción de su libro (y que puedes continuar leyendo si descargas el sample del ebook en el app de Kindle).

Hay palabras que retratan las experiencias que suelen tener quienes han recibido la encomienda de escribir de parte del Señor. Estas son solo algunas:

  • «…que este libro estuviera en el corazón de Dios desde antes que existiera».
  • • «…había puesto fuerte en mi corazón».
  • • «…lo que estaba demandando de mí».
  • • «…pero se quedó allí, solo en un pensamiento».
  • • «…siento la urgencia con este libro».

Lo cierto es que, independientemente de si recibiste esta misión a través de una visión, un sueño, una palabra profética, una señal, por la convicción del Espíritu Santo a tu mente y corazón o si sencillamente sientes una inclinación o pasión por hacerlo…

Si eres un hijo o una hija de Dios, has recibido el don de Su Santo Espíritu Santo, lo que nos permite estar en sintonía con Su corazón.

Por eso, tal vez, no puedes dejar de pensar en ese libro o en ese proyecto cualquiera que sea ni en esas personas a quienes el Señor tocará a través de ti.

¿Qué es lo que Dios ha puesto fuertemente en tu corazón para escribir? ¿Qué es lo que está demandando que escribas? ¿Sientes la urgencia?

¡Piénsalo! ¡Qué Dios te bendiga!

Un discurso único para ti (Parte 1)


Hay un discurso único para ti y lo más increíble es que es muy posible que no te sientas así respecto a lo que has estado escibriendo o sientes que debes escribir.

Es posible que en algún momento hayas pensado: «Ay, yo no voy a escribir sobre eso, sobre ese tema se ha escrito mucho. ¿Qué más voy a decir? Yo no tengo nada nuevo que decir».

Sin embargo, te aseguro que si Dios te ha comisionado escribir, ese mensaje es para una persona o para un grupo de personas en específico.

Y te aseguro que es para que lo compartas en un tiempo determinado por el Señor, pero más aún, ese mensaje tiene particularidades únicas. 

Aprovecho para compartir un escrito breve que trata sobre este asunto. Espero que si esta idea de que «sobre ese tema se ha escrito ya mucho» ha rondado tu cabeza, esta lectura te ayude a no permitirle que te detenga…

Una de las causas que nos paralizan a la hora de escribir es que pensamos: «¿Para qué voy a escribir si de ese tema se ha escrito tanto?”». Sin embargo, Dios tiene sus razones para querer repetirle a una persona, a una nación, a un gobernante, a cualquiera, un mensaje.

Fijémonos en las razones que tuvo Dios para repetir una vez más las profecías que le había dado a Israel, Judá y otras naciones a través del profeta Jeremías:

«El Señor le dio a Jeremías el siguiente mensaje en el cuarto año del reinado de Joacim, hijo de Josías, en Judá: 2 ‘Toma un rollo y anota todos mis mensajes contra Israel, Judá y las demás naciones. Comienza con el primer mensaje allá por los tiempos de Josías y escribe todos los mensajes, hasta llegar al tiempo presente. Quizá los habitantes de Judá se arrepientan cuando vuelvan a escuchar todas las cosas terribles que tengo pensadas para ellos. Entonces perdonaré sus pecados y maldades’ (Jeremías 36: 1-3, NTV).

Dios le ordenó a Jeremías que volviera a escribir toooodas las profecías que por tantos años les había dado a Israel, a Judá y a otras naciones porque quería: 1) que se arrepintieran de sus pecados y maldades; 2) perdonarlos; 3) y liberarlos del juicio de su furor.

¿Por qué razón específica el Señor desea que escribas sobre algún tema en particular? ¿Lo has pensado? ¿Cuál será ese objetivo o finalidad tan importante?

¿A quiénes está destinado ese mensaje? ¿Cómo podrías hacer que lo leyeran? ¿Qué efecto inmediato es el que esperas?

¿Cuán trascendental puede llegar a ser dicho mensaje en la vida de esas personas, de sus familias, de su comunidad, de su país, del mundo?

¿Qué harás? ¿Lo escribirás?

SÁCALE PARTIDO A TU IRA

Escritora Invitada

Uno de los temas principales de la Biblia en general es el desarrollo de relaciones sanas. Consistentemente, vemos cómo la Biblia establece que las relaciones humanas deben caracterizarse por el amor, la confianza, el respeto mutuo, el servicio desinteresado y la honestidad.

Sin embargo, la Biblia no obvia la realidad de que los seres humanos experimentamos, por naturaleza, emociones sanas y emociones que pueden ser destructivas.

Entre todas esas emociones, una de las que se habla con bastante frecuencia es la IRA. Sin embargo, más que juzgarla, lo que hace es advertirnos sobre ella.

Photo by Liza Summer on Pexels.com

En Efesios 4:26 (RV1960), dice: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”. La versión Nueva Traducción Viviente (NTV) lo dice así: “No pequen al dejar que el enojo los controle, no permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados”.

En esta cita se reconoce la ira como una emoción humana; pero a la vez, se nos llama la atención para que atendamos con diligencia el asunto que la provoca. No se trata de que no experimentemos ira o de que la suprimamos o la ocultemos.

Se trata de que, para resolver el asunto de la ira, tenemos que ser lo suficientemente honestos como para admitir lo que sentimos.

En esta porción de Efesios, este consejo se da después de que el apóstol ha dejado claro que, para hacer morir nuestra vieja naturaleza, debemos permitir que el Espíritu Santo renueve nuestros pensamientos y actitudes.

Así que es completamente normal que tú y yo experimentemos enojo e ira, pero lo que hace la diferencia entre una persona transformada por el Espíritu Santo y una que no, es la manera en que manejamos o respondemos ante esa emoción.

Manejar inadecuadamente la ira, no solo afecta nuestras relaciones, sino que también tiene serias consecuencias en nuestro organismo. He leído en diferentes artículos sobre las emociones y la salud que la ira juega un papel fundamental en los procesos de inflamación de nuestros órganos.

Además, cuando esta se vuelve crónica, corremos el riesgo de desarrollar diferentes tipos de enfermedades tales como: desequilibrio del sistema inmunológico, dolores musculares y de cabeza, aceleración de la respiración, provocando que el corazón bombee con mayor intensidad.

También, la ira aumenta el riesgo de padecer otras enfermedades, entre ellas: gastritis, colitis y dermatitis e, incluso, condiciones del cerebro.

Con toda razón, el proverbista escribió en Proverbios 19:19: “El de grande ira llevará la pena; y si usa de violencias, añadirá nuevos males”. Incluso, en Job 5:2, la Palabra es más contundente cuando dice “que al necio lo mata la ira”.

Por otro lado, en el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo nos deja ver que la ira contenida obstaculiza nuestra oración cuando en 1 Timoteo 2:8 invita a que los hombres levanten las manos en oración, sin ira ni contienda…

La ira contenida o mal manejada es una emoción autodestructiva. Ante esa realidad, el consejo del salmista es: “Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites de manera alguna a hacer lo malo” (Salmo 37:8).

Entonces, cabe preguntarnos: ¿Cómo puedo lograr controlar mi ira? ¿De qué manera puedo sacarle partido en lugar de que se vuelva una emoción autodestructiva?

Aprovecha la ira para el autoconocimiento

Admite con honestidad lo que estás experimentando. El autor, poeta y cuenta cuentos Scottie Waves dijo en una ocasión: “Si otro puede enojarte fácilmente, es porque estás fuera de balance contigo mismo”.

La ira no surge de la nada y rara vez es una emoción aislada, por lo tanto, es vital que estemos dispuestos a hacer un acto de introspección para evaluar con honestidad la raíz de ella.

¿Surge de un acto de injusticia o de la mentira, o es una manifestación de nuestra propia inseguridad y vulnerabilidad?

Pudiera ser también un reflejo de una autoestima baja o de nuestro orgullo quebrantado. Sea cual sea la raíz, Dios no nos juzga. Él es experto en validar nuestras emociones y sanarlas, si le damos la oportunidad.

Aprovecha la ira para fortalecerte espiritualmente

Llámala por su nombre. Acepta que, aunque es una emoción natural, la Biblia la clasifica como una “obra de la carne” y nos invita a no dejarnos gobernar por su impulso (Gálatas 5:16-23).

Ser iracundo no es una virtud. Acude a la oración como un método terapéutico y liberador de tu ira. Exprésate con honestidad delante del Señor, porque Él siempre está presto para sanar y perdonar.

Aprovecha la ira para crecer en inteligencia emocional

Toma el tiempo necesario para gestionar tu ira. Prepara una estrategia. La próxima vez que experimentes un arranque de ira:

• Evita el impulso de responder a la ligera. Sé sabio. Si es posible, aléjate y date la oportunidad de reflexionar. Prov. 12:16 (NTV) dice: “Un necio se enoja enseguida, pero la persona sabia mantiene la calma, cuando la insultan”.

• Busca en la Biblia todas las citas relacionadas con la ira y las emociones destructivas (obras de la carne).

• Busca consejo y apoyo en personas maduras y empáticas.

• Toma acción para resolver el origen de tu ira. Santiago 1:20 (NTV) dice: “El enojo humano no produce la rectitud que Dios desea”.

• PERDONA.

• Proverbios 15:1 (NTV): “La respuesta apacible desvía el enojo, pero las palabras ásperas encienden los ánimos”. Si la razón de tu ira es la acción o las palabras de otra persona, procura en el momento oportuno tener un diálogo franco y respetuoso.

• En ese diálogo, evita acusar (TÚ). Habla en primera persona (YO).

• Mantente alerta a las situaciones que te han producido ira anteriormente para que puedas actuar proactivamente y crecerte en tu reacción la próxima vez que ocurra.

• Usa estas estrategias en todas las áreas de tu vida: hogar (esposo e hijos), familia extendida, en el trabajo, en la iglesia, en la comunidad, en el diario vivir.

LA IRA BIEN GESTIONADA PUEDE TRANSFORMAR UNA RELACIÓN, CUALQUIERA QUE ESTA SEA.

“La ira es un sentimiento que hace que tu boca funcione más rápido que tu mente”.

Anónimo

“Todo lo que comienza con ira, termina en vergüenza”.

Benjamín Franklin

¿A quién voy a adorar?

Escritora Invitada

¿A quién voy a adorar? Me he hecho esta pregunta muchas veces porque han sido muchas las veces que he quitado a Dios del trono de mi corazón y he puesto metas, he puesto a algún amigo, familiar, pastor y muchas, muchas otras cosas más. 

Moría de dolor y ansiedad cuando el Señor revelaba a mi vida lo que había hecho, hasta que entendí que mientras estuviera viviendo dentro de mi condición humana habría la posibilidad de que así lo volviera a hacer…

Lo que sí es que en la medida que me rindiera y me sometiera a Él, esto debía ir disminuyendo y, cuando volviera a suceder, el dolor que provoca pecar en contra de Dios desaparecería al reconocer mi pecado y pedir perdón.

¡Una cristiana nacida en el evangelio con esto!  ¡Con tantos años dentro de la iglesia!  ¡Qué diría la gente! 

¿Sabes por qué pensaba así?  Porque la espiritualidad se ha categorizado y yo quería estar en el «range» de arriba, no en el de aprendiz.  Porque para mí esto era para los que se convirtieron ayer, no para mí. 

Hacer algo como esto era una tortura porque me bajaba de la escala, me bajaba de categoría. Como nadie  vivía esto a mi alrededor, sino que se persistía en una carrera que no era hacia Cristo, sino a ver quién era mejor, entonces, comencé a falsificar mi vida cristiana. 

En lugar de aceptar mi vulnerabilidad, mi debilidad y ponerla a los pies de Cristo cada día, comencé a competir por el «premio» que realmente no era Él.

¿Y por qué no podía reconocerlo?  Fácil… Porque esto se originó en el principio de todas las cosas y tiene la gran astucia de ser parte de nuestra vida y relaciones.  Creemos que es normal porque se nos adhiere a nuestra forma de hablar, a nuestra forma de actuar, a cómo y por lo que luchamos, y hasta se muestra en la forma en la que nos relacionamos.

Recuerdo un día de culto como otro cualquiera en el que fui al altar de la que era mi iglesia en ese momento.  Cuando me arrodillé, comencé a clamar por algunas peticiones que tenía delante del Señor y, de pronto, escuché en mis adentros la voz del Señor que me dijo firmemente: «No lo hagas». 

Yo detuve la oración de inmediato y le pregunté: «¿Que no haga qué, Señor? No entiendo».  El respondió: «No te inclines ante eso». Ya asustada le pregunté: «¿Qué es eso?». Nuevamente, me habló: «Ante dogmas, doctrinas y hombres.  Cuando una persona viene a mí y yo la recibo, la voy transformando hasta hacerla una obra perfecta en algún aspecto de su vida y, cuando termino mi obra, no es a esa persona a quien se debe adorar.  Se adora al Autor de la obra».

Yo no entendí todo lo que quiso decir de inmediato, era un proceso que comenzaba en mi vida.  Con el pasar del tiempo, he comprendido mejor aquellas palabras.  Puedo adorar a mis seres queridos a tal grado de no ser justa y balanceada con otros o amar tanto que lo coloco en el trono de mi corazón entrando en desobediencias constantes, y más cuando Dios me está pidiendo que haga cosas que pospongo por ese ser querido, amigo o hasta hermano en Cristo. 

Entro en idolatría cuando pongo sistemas, programas, ideas, planes, etc., etc., por encima de Su voz en mi vida.  Entro en idolatría cuando valoro o categorizo a las personas en mi corazón y las selecciono como superiores a otras.  Entro en idolatría cuando pierdo salud física y mental, paz, familia por tener, tener y tener. 

Entro en idolatría cuando las palabras de otros son más importantes para mí que lo que me dice Dios, incluyendo a un pastor o líder religioso. No estoy diciendo que ellos no son instrumentos valiosísimos de Dios a los que se deben respetar y honrar, pero ellos también se cansan, también se equivocan, también pueden errar. 

Entro en idolatría cuando lucho por alcanzar cosas que Dios no me pidió que alcanzara, ni siquiera a favor del ministerio al cual Él me llamó.  Entro en idolatría cuando dejamos de ver a Dios como el dador de estrategias y voy tras las que me parecen buenas y aceptables. 

Entro en idolatría si me canso de esperar que Dios me conteste y voy tras lo que creo que es mejor para mí.  Entro en idolatría cuando voy detrás de «mi felicidad» en vez de regocijarme en Él y así esperar Su promesa.

Por esta razón no me daba cuenta, porque es muy fácil hacer como Eva en el jardín del Edén, «alcanzar SIN Dios».  Eso lo hacemos todos los días. 

 
Dios debe ser honrado por encima de estudios, conocimiento, títulos, sueños, anhelos, y hasta por encima de nuestras peticiones.

Es mi oración constante que cada día Él y solo Él posea el Centro, el primado y el Trono de mi corazón por encima de todo.

OREMOS:

Señor, amoroso y bueno, ¡cuán grande es tu paciencia! Sí… tu amorosa paciencia.  Gracias por enseñarme, gracias por guiarme. 

Gracias porque tus palabras me transforman, enderezan mis pies torcidos e iluminan mi caminar.

Gracias por la oportunidad que me das de reconocerte y honrarte. 

Por favor, perdóname y ayúdame a agradarte y a adorarte solo a Ti. 

Revélate a mi vida como mi Creador, mi Señor y mi Dios.En el nombre de Jesús, Amén.