Recreando

Satanás no descansa . Se la pasa creando. Es ingenioso, es un artífice. Sí, un artífice de la m-e-n-t-i-r-a. A él parece no faltarle inspiración, talento ni creatividad; pero no es original, ¡por supuesto!

Eso es precisamente lo interesante: solo sabe imitar porque es incapaz de crear. Sin embargo, parece tener mucho éxito imitando, pues lo que sí tiene son deseos, ganas, actitud, disposición para tener éxito. Es todo un emprendedor. ¿Su proyecto? Matar, robar y destruir. Lo sabemos.

¿Cómo lo obtiene? R-e-c-r-e-a-n-d-o porque lo que siempre ofrece es una imagen distorcionada de la verdad. De esa manera, se aprovecha de la necesidad y del sufrimiento de quienes aún no han respondido al llamado amoroso de Dios, el Padre, quien ofreció a su Hijo para que el mundo no se pierda. Peor aún, logra zarandearnos a nosotros los hijos de Dios, y hasta seducirnos.

Así es como sin descanso, le ha vendido  a cada segundo, cada minuto, cada hora, cada semana, mes, año, a la humanidad, por siglos, todo tipo de mentira.

De ahí, tantas creencias, prácticas, filosofías, religiones, estilos de vida… Y todos dicen tener la verdad. Son las maneras  destructivas de Satanás, quien anda como león rugiente buscando a quién devorar.

Mientras tanto, muchos de nosotros seguimos esperando que Dios nos dé el permiso para actuar. Para eso sí que somos bien obedientes, y hasta nos sentimos super espirituales por ello.

“No, es que yo no quiero hacer nada por mi cuenta”, repetimos y repetimos, creo que para convencernos a nosotros mismos y excusar nuestra pasividad. Mientras tanto, pasan los años y seguimos esperando que Dios nos confirme.

Sin embargo, ya Cristo hizo lo que tenía que hacer y, como resultado, habita en nosotros el Espíritu de Dios, quien es vida, sabiduría, inteligencia, es don, creatividad, talento, capacidad, aptitud, instrucción, dirección, guianza…

En el salmo 37: 4, el rey David expresaba: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón”.

Es decir, que nosotros tendremos deseos, tendremos anhelos en el corazón y Dios está dispuesto a concederlos. Y dice la Palabra que: “Pues Dios trabaja en ustedes y les da el deseo y el poder para que hagan lo que a él le agrada” (Filipenses 2: 13, NTV).

Unas veces, sentiremos fuertemente la convicción, estaremos muy seguros y actuaremos sin temor a equivocarnos.

Sin embargo, no dice que Dios tiene que bajar en una nube, llegar hasta nuestro cuarto y recitarnos con lujo de detalles lo que debemos hacer. Para eso fue que nos regaló el don del Espíritu Santo y Él nos hablará de distintas formas.

Lo ideal sería que siempre fuera así, pero esa no es siempre la forma en que Él lo hace. En ocasiones, es como una vocesita casi imperceptible, ese silvo apacible, y es cuando nos preguntamos si será Él o son ideas nuestras.

Si estamos esperando para movernos la primera forma, entonces serán muchas las veces en las que dejaremos de hacer lo que Él quiere que hagamos. Además, para eso no necesitamos fe.

¿Sabes qué? Me parece que esa fue exactamente la actitud del obrero que enterró su talento porque sabía lo severo que era su amo.  ¿Y cuál fue el resultado? Que se le quitó lo que se le había dado. Y luego culpamos a Dios de que en nuestra vida no sucedan las cosas que Él nos habló que haríamos en su nombre.

Es más, a veces, nos sentimos con la autoridad, la sabiduría de mirar y juzgar si lo que los otros están haciendo viene de Dios o es en sus propias fuerzas mientras la vida se les pasa por el frente con la misma excusa del obrero que no multiplicó sus talentos.

Dejamos de idear, de soñar, de crear, de construir… Eso es jugar a lo seguro. Y mientras nosotros estamos muy cómodos “esperando” las confirmaciones, Satanás está… ¿construyendo o destrozando?

Para lograr su objetivo es constante, diligente, astuto e incansable…

¿Y nosotros? ¿Espectadores de la tragedia, del caos, de la desesperanza y la desesperación?

Fuimos llamados a ser agentes del Reino, del cambio, del orden. Pero no es sentados… Es utilizando el depósito que Dios ya hizo, poniendo en marcha el deseo que puso en nuestro corazón y no recibiremos más porque para qué si no hemos aprovechado lo que se nos dio.

Criticamos, juzgamos, murmuramos y CEN-SU-RA-MOS al mismo Dios cuando lo hacemos contra el hermano, y hasta con nosotros mismos.

Le dictamos cómo se debe manifestar, cómo se debe adorar, qué es servirle a Dios y qué no lo es. Y así es como, creyendo que lo estamos haciendo muy bien, seguimos cortando alas, no solo a los deseos que Dios puso en el corazón, sino a fin de cuentas, a la obra redentora del Señor. Digo, obstaculizando, retrasando, porque nunca podremos detenerla.

Hago un llamado a la reflexión individual y colectiva a examinar si estamos actuando como colaboradores de la multiforme gracia de Dios o si actuamos más bien como detractores.

Sé que mis palabras no son simpáticas. Lejos de antagonizar, me mueve precisamente la preocupación de querer saber, de escuchar lo que realmente hay en el corazón de Dios.

A Él es a quien le pertenece la Iglesia, es la Iglesia de Jesucristo. ¿Nos estamos moviendo con Él?

Entonces, así es como le cedemos el terreno a Satanás y luego nos sorprendemos de cómo avanza el reino de las tinieblas y de lo malas que están las cosas. Este reino continúa propagando toda clase de “recreación”.

Sí eres creativo, eres creativa. Dios crea en nosotros y a través de nosotros.

Analicemos el concepto que tenemos de crear y de servir.

Tomado de: Escritores de Dios, Artesanos del amor, de Yazmín Díaz

Publicado por Yazmín Díaz

Editora, Autora Independiente

3 comentarios sobre “Recreando

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