EL DIOS QUE SANA

Escritora Invitada
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Sonia Lugo Ramírez

autora de “Mujer Tenaz: 15 Actitudes para enfrentar la vida”

Cuando niña, fui una persona muy enfermiza. Recuerdo que por lo menos dos veces al mes mi padre tenía que llevarme al Centro de Salud del pueblo a causa del asma.

Un sábado, cuando tenía diez años, me miré al espejo y mis párpados estaban totalmente hinchados. El domingo siguiente, como la hinchazón continuaba, mi padre me llevó de emergencia al pediatra y, luego de unos cuantos análisis, descubrieron que tenía una alta concentración de albúmina en la sangre y la presión arterial alta.

Recuerdo que a lo lejos, escuché cuando el médico le dijo a mi padre: “Su hija tiene una enfermedad en los riñones y si no se trata rápidamente, puede morir”. Imagínate lo que significa para una niña de diez años escuchar semejante diagnóstico. Pero, por alguna razón, me mantuve tranquila y serena. Ya estaba acostumbrada a los hospitales, pero, sobre todo, desde muy pequeña había escuchado que Dios era mi sanador y yo lo creía.

Sin embargo, de adulta, en varias situaciones de enfermedad, me di cuenta de que había perdido esa certeza. No obstante, siempre he visto la mano de Dios obrar a mi favor, sanando la enfermedad o por medio de ella. Hoy, ya adulta, por la misericordia y la bondad de Dios puedo decir que, a pesar de que he experimentado la incertidumbre de recibir diagnósticos no deseados, siempre he experimentado la poderosa mano de YHWH-Rapha [yahweh rafa]: el SEÑOR que sana, el SEÑOR mi sanador.

Luego de un año y casi cinco meses de experimentar el fragor de una pandemia y una cuarentena por el COVID-19, todavía somos bombardeados por noticias sobre la enfermedad, que en algunos momentos pueden llegar a producir ansiedad y desasosiego.

Por otro lado, es muy probable que algunos estemos enfrentando diferentes procesos de salud relacionados o no, con la pandemia. Pero la realidad es que lidiar con problemas de salud es un reto que llega a ser extenuante para el cual debemos fortalecernos en la fe.

Por eso, quiero recordarte que TODAVÍA DIOS ES SANADOR. Él se goza en atender nuestra necesidad, y traer bienestar y sanidad a todas las áreas de nuestra vida.

Dios, no solo se interesa por nuestra vida espiritual, su interés por nosotros abarca todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo.

Él anhela sanar, no solo las enfermedades que afligen nuestro cuerpo, sino también las que afligen nuestra mente y nuestras emociones porque ser sanador es parte de su naturaleza. Él es nuestro médico por excelencia.

En mis procesos de enfermedad, he aprendido algunos principios que quiero compartir contigo hoy:

  1. No temer a la enfermedad porque mientras más le temamos, más difícil se nos hará lidiar con ella.
  2. La primera persona con la que debo hablar sobre lo que siento es con Dios; la segunda, con mi médico. Dios lo ha capacitado para ayudarme.
  3. La oración es la mejor medicina para todo dolor; pero a la vez, debo seguir el tratamiento necesario.
  4. Una buena alimentación y la actividad física, siempre ayudan.
  5. Puede que Dios se glorifique al sanarme, pero también puede glorificarse en mí a través de mi proceso de enfermedad.
  6. La Palabra de Dios sirve de refrigerio en medio de la enfermedad, es medicina para el alma.

Por eso comparto contigo algunas citas que han sido aliciente para mí cuando he estado enferma. Te sugiero que las leas y las repitas cuantas veces sea necesario, hasta que se hagan VIDA en ti.

“Alaba, alma mía, al Señor; alabe todo mi ser su santo nombre. Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias”. (Salmo 103:1-3)

“Hijo(a) mío(a), atiende a mis consejos; escucha atentamente lo que digo. No pierdas de vista mis palabras; guárdalas muy dentro de tu corazón. Ellas dan vida a quienes las hallan; son la salud del cuerpo”. (Proverbios 4:20-22)

“Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados(as)”. (Isaías 53:5)

“¿Está enfermo(a) alguno(a) de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él (ella) y lo (la) unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe sanará al (ala) enfermo(a) y el Señor lo(a) levantará. Y, si ha pecado, su pecado se le perdonará”.
(Santiago 5:14-15)

“Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados(as)”. (1 Pedro 2:24)

“Sáname, oh, Jehová, y seré sano(a); sálvame, y seré salvo(a); porque tú eres mi alabanza”. (Jeremías 17:14)


Es mi oración que, en medio de tu reto de salud, El DIOS QUE SANA se haga real en tu vida y te inunde de paz y gozo.

Sonia Lugo Ramírez

Publicado por Yazmín Díaz

Editora, Autora Independiente

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