Inspiración (Parte 1)


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Lo ideal sería que el Espíritu Santo de Dios nos diera de un tirón todo el libro y que lo descargara a nuestra mente y que, la mente, conectada con nuestra mano, transcribiera todo lo que contiene ese documento.

Eso es lo más fácil y esa también es una de las maneras como Él lo hace, claro que sí. No obstante, ¿realmente no es de Dios o no es el tiempo de escribir si no se da de esa forma?

¿Y qué hacemos entonces con los libros y manuales de discipulado, libros de texto y de consulta profundos y muy especializados de teología, por ejemplo? ¿Qué hacemos con los comentarios bíblicos, diccionarios, concordancias? ¿Y qué de las investigaciones? Esto solo por mencionar algunos ejemplos.

¿Es que acaso esos escritos no fueron comisionados por Dios? ¿No fueron inspirados por Él porque requirieron de un esfuerzo y disciplina intencionales y muy rigurosos ?

Estaríamos diciéndole a Dios cómo es que debemos cumplir con la tarea de escribir que nos ha comisionado. Estaríamos diciendo: «Yo soy el jefe o la jefa. Yo decido cuándo, cómo y dónde escribiré».

Estaríamos diciéndole: “Hasta que no me des todo el libro (como un “downloading”), no voy a escribir”.

Sin entrar en los detalles de los expertos, quienes se han dedicado a estudiar el oficio de los escritores de Dios, veamos algunas de las formas como Dios lo hace.

Para ello, quiero compartir fragmentos de unos pocos libros de escritores del Señor en este y en próximos artículos. ¿Para qué?

Para ilustrar cómo Dios los convenció de que debían escribir y de que debían hacerlo sobre un tema en específico. Lo hago con el fin de que tú también reflexiones en ello.

¿Por qué? Porque, a veces, por temporadas, nos sentimos inseguros. No queremos que sea nuestra voluntad, sino la Suya. No queremos enfrascarnos en tareas y proyectos que Él no nos ha encargado. Sin embargo, en muchos casos, esta ha sido la excusa que nos hemos dado para no escribir.

También, para que veamos cómo fue el proceso de escritura de manera que nos convenzamos de que Dios no tiene que aparecérsenos, no tiene que enviar un ángel, no tienen que haber estrellas fugaces ni fuegos artificiales.

Dudamos, sentimos que necesitamos confirmación. El problema es que, en ese empeño, buscamos, a veces por años, esa confirmación en otros a quienes Dios no les habló. A quien le dijo fue a ti porque Él es el Dios que se comunica, que habla y de muchas formas con sus hijos.

Él quiere hablar con nosotros en todo momento, escucharnos y hablarnos, así como todo padre y madre que ama a sus hijos quiere hacerlo.

La experiencia de un solo escritor será distinta con cada libro e, incluso, en un mismo libro.

Sin embargo, cuando los escritores cuentan la forma como se convencieron de que debían escribir y hacerlo de un asunto en específico, también es usual que encontremos aspectos en común.

Cita con tu destino

Utilizaré ahora un libro de la pastora Maggie de Cano titulado Cita con tu destino. No incluí todo lo que me hubiese gustado, pero estos fragmentos son muy buenos para ilustrar la idea que deseo dejar en tu mente y en tu corazón.

He colocado cursivas, negrillas y he divido los párrafos según me pareció conveniente:

Lo que más me emociona es que este libro estuviera en el corazón de Dios antes de que existiera. Me encontraba, un 6 de agosto, en un congreso de mujeres. Estaba lista para compartir lo que nuestro Señor había puesto fuerte en mi corazón, así que no imaginé que me había llevado a ese lugar para hablarme de manera tan directa y especial respecto a lo que estaba demandando de mí.

Había pensado en un libro para solteras donde pudiera plasmar la opinión de Dios respecto a su situación, para que supieran que, en todo, es Él quien tiene la última palabra, pero se quedó allí, solo en un pensamiento.

Sin embargo, cuando tus pensamientos se encuentran con el corazón de Dios, suceden muchas cosas. Él nos empuja y nos pide que vayamos más allá de nuestra zona de confort, que hagamos más de lo que se nos pide, entonces, debemos estar dispuestas a caminar la milla extra.

Dios me había colocado ese día en el lugar correcto y con la persona correcta para hablar a mi corazón:

Hay un libro que aún no se escribe, la mejor versión viene ahora, el Espíritu Santo se ha sentado contigo en las madrugadas.

Dice el Espíritu de Dios: “Yo he estado allí, y esto es confirmación de lo que has estado haciendo. He estado allí sentado al lado tuyo en ese escritorio. Ese libro lleva fuego, ese libro lleva restauracion”.

(…) Siento la urgencia con este libro de que te prepares, que prepares tu corazón porque este es el tiempo para ir a la cita con tu destino.


Estoy segura de que te has identificado con algunas de las cosas que nos cuenta la autora en la introducción de su libro (y que puedes continuar leyendo si descargas el sample del ebook en el app de Kindle).

Hay palabras que retratan las experiencias que suelen tener quienes han recibido la encomienda de escribir de parte del Señor. Estas son solo algunas:

  • “…que este libro estuviera en el corazón de Dios desde antes que existiera”.
  • • “…había puesto fuerte en mi corazón”.
  • • “…lo que estaba demandando de mí”.
  • • “…pero se quedó allí, solo en un pensamiento”.
  • • “…siento la urgencia con este libro”.

Lo cierto es que, independientemente de si recibiste esta misión a través de una visión, un sueño, una palabra profética, una señal, por la convicción del Espíritu Santo a tu mente y corazón o si sencillamente sientes una inclinación o pasión por hacerlo…

Si eres un hijo o una hija de Dios, has recibido el don de Su Santo Espíritu Santo, lo que nos permite estar en sintonía con Su corazón.

Por eso, tal vez, no puedes dejar de pensar en ese libro o en ese proyecto cualquiera que sea ni en esas personas a quienes el Señor tocará a través de ti.

¿Qué es lo que Dios ha puesto fuertemente en tu corazón para escribir? ¿Qué es lo que está demandando que escribas? ¿Sientes la urgencia?

¡Piénsalo! ¡Qué Dios te bendiga!

Publicado por Yazmín Díaz

Editora, Autora Independiente

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