Inspiración (Parte 3)


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¿Recuerdas los primeros dos artículos? ¡No te los pierdas! Para recapitular, solo compartiré una cita del anterior porque entraré de lleno a contarte el caso de otra escritora.

Este nuevo artículo es un tanto extenso, pero no dejes de leer porque se pone muy bueno o, si prefieres, puedes escucharlo en el podcast.

Dios nos sorprenderá y la historia con cada uno de nosotros será distinta, aunque es el mismo Dios que nunca cambia. Así que, dejemos de mirar cómo lo hizo con aquel o aquella como no sea para darnos cuenta de que:

1) Él se encargará de dejarnos saber que sí escribiremos,

2) nos dejará saber sobre qué escribiremos,

3) lo hará de la manera que Él quiera,

4) y lo hará todas las veces que sea necesario por el tiempo que sea necesario…

Yazmín Díaz Torres, en “Inspiración” (Parte 2)

La hija del pastor

En la Introducción de su libro, La hija del pastor: la verdad que muchos no se atreven a hablar, su autora, la pastora Raquel E. Cruz, narra cómo surge este libro:

«Recuerdo que era sábado. Luego de orar e intimar con Dios durante las horas de la mañana, sentí un fuerte impulso de parte del Señor y fue cuando tomé la decisión de no esperar más y escribir. Por primera vez, me senté frente a la hoja en blanco. Admito que el deseo de contar mi historia nació desde mi adolescencia mientras crecía como hija de pastor al darme cuenta de las injusticias que se vivían dentro de la familia pastoral».

Fin de la cita

Quiero contarte cómo conocí a Raquel, solo para ilustrar cómo el Señor se las trae cuando le ha encomendado una tarea a un hijo suyo. Bueno, hemos visto una y otra vez cómo le fue a Jonás, así que no debemos sorprendernos. Lo que quiero es asegurarte que, si Dios designó que escribas para Él, dudo que puedas escaparte.

Conocí a Raquel en la universidad. Una noche, creo que en el receso o al final de la clase se me acercó y me dijo algo así: «Profesora, yo voy a escribir un libro y quiero que usted me lo corrija». Creo que sucedió lo mismo en el segundo curso en el que compartimos cuando ya había más confianza entre nosotras. Tanto así, que nos mantuvimos en comunicación esporádica a través de whatsapp por varios años.

Aunque le contesté que sí y lo hice genuinamente, la verdad no pensé ni que se haría realidad ni que no. No pensé en eso más. Varios años después, se comunicó conmigo después de mucho tiempo de no saludarnos a través de la aplicación. Me expresó nuevamente lo del libro y acordamos dialogar a través de Zoom. En medio de la conversación, sentí la presencia del Espíritu Santo, quien confirmó que escribiría y lo que Él haría a través de ese libro: traería sanidad y restauración a la vida de los hijos de pastores, así como a sus familias. Creí totalmente en su proyecto de escritura y me involucré en él. Lo sentí como una encomienda del Señor.

Ella fue muy diligente y terminó de escribir el libro muy rápido. Quedé sorprendida. Trabajar en él fue difícil porque el tema es complejo, dramático y exige una gran determinación y valentía al tratar un tema muy real, pero a la vez, muy controversial. Sabía que le traería censura, críticas severas, rechazo del mismo cuerpo de Cristo. No te lo niego: hasta tuve miedo de las repercusiones que podría tener para mí y mi apenas comenzado intento como editora. Sin embargo, ambas sabíamos que se trataba de una encomienda del Señor y que Él la había preparado para este tiempo.

¡Déjame contarte! Un día, estaba escuchando un podcast de un influencer puertorriqueño, quien entrevistaba a un colega. Al terminar la entrevista, le hizo una pregunta que suelen hacer los entrevistadores, pero que yo sentí que no se relacionaba en nada con el resto de ella: ¿Qué es lo más difícil que ha sucedido en tu vida? Recuerdo haberme sorprendido por la pregunta porque no era “ese tipo de entrevista”, así que en cuestión de segundos, determiné que el entrevistado respondería con cualquier cosa para salir del paso, ¡pero no fue así!

Con la misma pasmosidad con la que había hablado antes, narró lo que nadie se hubiese imaginado. Creo que después de eso es posible que haya desistido de hacer nuevamente esa pregunta. Este fue uno de esos momentos que uno recuerda como en cámara lenta: dónde uno estaba, qué hacía… El joven adulto, supongo que estaría en los tempranos treinta, pero puedo equivocarme, relató que el momento más difícil había sido cuando tuvo que acusar y meter preso a su padre para entonces hacerse cargo de su madre y hermanas.

Tal vez, estés pensando que eso ha sucedido antes. El asunto aquí es que él era el hijo de un pastor. El hombre, quien seguía sin que se le alterara la voz, terminó de relatar la terrible historia. Yo hubiese deseado no escucharlo. Además, el hecho de que yo hubiese encontrado ese podcast que yo nunca había escuchado y que me hubiese detenido a hacerlo, ya era demasiada casualidad. Sin embargo, en el mundo de las casualidades, eso no era nada porque lo que yo habría de escuchar certificaba, confirmaba, justificaba, tristemente, el libro de Raquel y mi participación en él. Te cuento esto con mucho respeto hacia Dios, hacia Raquel, hacia este joven y otros como él que de una forma u otra se relacionan con el asunto que ella trata en su libro. No me alegro, ¡jamás! Ojalá no tuviéramos que contar estas historias.

Cuando el entrevistado compartió sus redes sociales, las anoté y le conté a Raquel, quien ese mismo día le escribió un mensaje por correo electrónico. Para nuestra sorpresa, él también le contestó ese día y le concedió una entrevista que quedó, en parte, registrada en el libro. Parecía como si quisiese contarles a todos su historia.

¿Casualidad? El afamado escritor Paulo Coelho diría que es suerte de principiante y que el universo conspiró para que eso sucediera. Tú y yo sabemos que para los hijos de Dios no hay casualidades. ALGUIEN conspiró, sí, pero no el universo. Dios estaba muy interesado en ese libro, en denunciar lo que algunos hijos e hijas de pastores -y, en muchas ocasiones las ovejas también- viven cuando se convierte a Dios en religiosidad y legalismo. Pero ese no es el único propósito de Dios, Él también quiere libertar, sanar, restaurar, transformar, salvar, propósito que se logra a través del libro de Raquel y su ministerio.

Este libro no se gestó de la noche a la mañana. Vino formándose sin que ella aun hubiese nacido. Luego, en su infancia, adolescencia, y hasta en su adultez enfrentando lo que recoge en este que acertadamente tituló La hija del pastor: la verdad que muchos no se atreven a hablar. Entonces, en un momento dado, Dios le dio la fortaleza para estudiar en la universidad, sueño que no había alcanzado, pues lo que se le dijo cuando se graduó de escuela superior fue: “¿Para qué estudiar si Cristo viene pronto?”.

Allí nos conocimos y este sería apenas el segundo libro que editaba y el primero en otros procesos que conlleva la publicación de un libro. ¡Fue difícil! Y así se desencadenaron en ese periodo de su vida una serie de sucesos que conflagraron con la encomienda que le había dado el Señor de plasmar su historia y tratar este asunto que tanto le interesa a Él en un libro para entonces llevar este mensaje alrededor del mundo. Ella aceptó la encomienda, sintió desde muy pequeña la convicción y hoy es testigo de Dios, es su Escritora-Embajadora. Raquel se convirtió en la pluma del Señor. ¿Lo harás tú?

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Hoy, junto a su esposo, el Pastor Raúl Rivera, ministran sanidad interior y restauración a otros ministros y a sus familias, entre otros servicios a los que el Señor los ha llamado. Su libro ha impactado a muchos hijos de pastores. Incluso, a «ovejas» que vivieron bajo lo que yo llamo el régimen de la religiosidad y, por ello, cometieron casi los mismos errores con sus hijos.


Publicado por Yazmín Díaz

Editora, Autora Independiente

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