La Mejor Estrategia de Escritura

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Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Mateo 6: 33

Creo que fue en febrero de este año (2021) que me reuní (virtualmente) con un grupo pequeño de escritores del Señor -aunque deseaba como siempre que se hubieran unido unos cuantos más. Noté que había mucho interés en que uno de ellos compartiera sus estrategias para mantener una disciplina de escritura que le ha permitido escribir y publicar ya dos libros extensos y uno que va en camino. Todos queríamos saber el secreto de su éxito.

Recuerdo que yo quería terminar de expresar unas ideas que había comenzado y, por tal razón, se vieron obligados a repetir la pregunta alrededor de tres veces. Lo que realmente les interesaba era que él se las contestara y puedo entender por qué: lucho día a día para mantener esa disciplina.

Por temporadas, me siento productiva y, de repente, me entra el desánimo o me detengo porque siento que he llegado a una calle sin salida, sin tener idea qué camino debo tomar para continuar o me siento agotada.

Cuando finalmente hice silencio para que nos diera la tan esperada respuesta, nos dijo algo así: «Me levanto temprano en la mañana a buscar el rostro del Señor porque para escribir dependo totalmente de Su gracia; de lo contrario, no podría».

A mí casi se me sale la quijada de sitio porque la verdad es que no esperaba esa respuesta. Creo que todas nos quedamos con la boca abierta y en silencio porque -al menos yo- tenía preparada la libreta y el bolígrafo para anotar cada paso de su rutina de escritura. Quedé así, aun cuando sé, y hasta he escrito sobre ello, que Él es la fuente inagotable de vida y que no se trata de nuestro talento ni de nuestra sabiduría, sino de Él y de sus propósitos.

No solo lo necesitaremos para comenzar a escribir y para mantenernos escribiendo; sino para que nos indique sobre qué escribiremos, cómo lo escribiremos, a quiénes les escribiremos, con qué propósitos…

Y él lo dijo así, tan sencillo, tan tranquilo y, honestamente, tan espiritual que tuve que dialogar seriamente con el Señor, pedir perdón por todas las veces que intento escribir en mis fuerzas e inteligencia como si no necesitara de Él. Claro, su intención no era mostrarse así. Luego me confesó lo difícil que se le hace a veces acudir a su cita con el Señor.

Al menos yo, en ocasiones, cuando me he visto entre la espada y la pared, comienzo a darle detalles una y otra vez de mi “gran problema”, de mi “writer’s block” al Señor; pero… ¡cómo no voy a quedar seca si no me he mantenido bebiendo de la Fuente!

Y así es como Él me recibe nuevamente: se sienta conmigo, primero a hacerme entender -con tanto amor- que Él disfruta de mi presencia, que quiere pasársela conmigo. También, me hace entender y experimentar lo bien que se está en Su Presencia, lo bueno que estar con Él.

Luego, se encarga de limpiarme una vez más, de sanarme, de corregirme, de ponerme de pie, de afirmarme sobre mis pies, de darme la justa perspectiva de las cosas, de restaurar el gozo, la paz, los deseos de continuar.

Entonces, acepto una vez más la encomienda sabiendo que Él siempre está deseoso de guiarme, de ayudarme, de hacer provisión. A fin de cuentas, se trata de Su libro y no del mío.

¡Qué alegría y qué susto me da cuando vuelvo a entenderlo otra vez porque no lo merezco!

El texto bíblico que nos anima a no afanarnos se refiere a todos los aspectos de nuestra vida, a los espiritualescy a los naturales, incluyendo la tarea de escribir:

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal

Mateo 6: 34

Oración:
Le pido al Padre, en el nombre de Jesús, que desate su paz sobre sus escogidos a escribir. Que no nos falten Sus instrucciones, su sabiduría, su iluminación e inspiración divina. Que recurramos siempre a Él para encontrar la mejor estrategia de escritura. Amén.


Si somos escritores ordenados en el reino de los Cielos, la mejor estrategia para escribir es buscar primeramente el reino de Dios.


Escritores de Dios: Artesanos del Amor

¡Sal del Anonimato!

Escúcha el episodio en YouTube: https://youtu.be/aZ1nz9qG2x0

Tan pronto como nosotros aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador y decidimos darle la espalda a nuestra pasada manera de vivir, tomamos la decisión de salir del anonimato.

Tanto así que nuestro nombre queda inscrito en la mejor lista que haya existido y que vaya a existir en la historia de la humanidad: nuestro nombre fue escrito en el Libro de la Vida.

Es muy posible que ese cambio radical de vida, que esa decisión te haya traído grandes dividendos, grandes bendiciones; pero también unos cuantos problemas… Quizá en tu familia, en tu círculo de amistades, en tu trabajo…

Es posible que, desde entonces, hayas sido objeto de burla, de crítica, de murmuración, de rechazo, de calumnia y de mal juicio. ¡Ay! ¡Esos son los llamados “trolls”!

Creo que no hay paso más importante y trascendental -difícil también- en nuestra vida. Además, debemos vivir ratificando esa decisión cada día.

Muchas personas quisieran pertenecer a ciertos grupos exclusivos y de renombre. Para los escritores, existen gremios muy importantes, pero… ¿Has escuchado hablar de “El Círculo Internacional de Escritores del Infierno? No lo encontrarás en el registro de gremios para escritores, pero ¡existe! O ¿crees que no?

Sin embargo, tan pronto diste un paso hacia el frente y saliste del anonimato cuando le diste tu “sí” al Señor, allá se enteraron e interesaron en ti. Sin contar que, mientras más arrojado o arrojada eres, más fama pareces adquirir entre sus tribus.

Entonces, ¿por qué será que nos cuesta tanto salir de otro tipo de anonimato? De esos en los que das la cara, pero no para ni por ti, sino por la causa de Jesucristo.

Cuando escribimos y publicamos nuestro libro, nuestro nombre irá en la portada y, con toda seguridad, nuestra foto en la contraportada, además de que aparecerá en la plataforma de Amazon y en todas las redes sociales en las que lo anuncies. Puedes publicar bajo un seudónimo, pero no creo que sea buena idea porque tarde o temprano habrá que dar la cara.

“No, es que yo no busco reconocimiento”, suelo escuchar mucho y yo me lo digo hasta el cansancio. ¡Qué bueno!

Sin embargo, como único Dios se llevará la fama y el reconocimiento es decidiendo salir del anonimato. Al menos en esto de escribir un libro es así.

Juan el Bautista lo que hacía era confesar a Cristo, anunciarlo, darlo a conocer. Esa era su carta de presentación. La Palabra dice que él «confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo» (Juan 1: 20) y, luego, en el v. 27: «Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado».

Juan sabía bien cuál era su trabajo y estoy segura de que tú también lo sabes. Quien todavía sigue confundido y, peor aún, confundiendo a la humanidad es Satanás. Ese siempre ha querido robarse el show. Por eso su fama es tan mala, por querer usurpar el lugar que solamente le pertenece a Dios y querer robarse la gloria que le pertenece solo a Él.

¡Precisamente por eso es necesario que salgas del anonimato y que lo hagas desde ya! Mientras más pronto lo hagas, mejor. No lo dejes para cuando hayas escrito y publicado el libro, y quieras presentarlo.

Encontrarás el mismo consejo en cualquier libro y en cualquier curso de escritura y publicación de libros.

¿Cómo puedes dar un paso al frente y salir del anonimato? Lo puedes hacer uniéndote al grupo y participando poco a poco. Créeme, hasta eso nos cuesta, requiere disposición y cierta valentía.

El grupo en Facebook -Autores Indi- está creado especialmente para quienes como tú han sido llamados por el Señor a escribir para y con Él. Este grupo está pensado específicamente para escritores independientes cristianos de habla hispana. Créeme, necesitamos de una comunidad que comparta la misma misión.

Este es un buen lugar, seguro y todavía muy privado para dar pasos, poco a poco, y salir del anonimato.

Podremos ayudarnos, incluso, en aspectos tan naturales, es decir, en aspectos que pertenecen al plano natural como lo es el mercadeo, tan importante para dar a conocer el mensaje que el Señor nos ha confiado. Además, estoy segura de que tienes mucho que aportar.

Precisamente, próximamente, en el grupo, voy a contarte sobre cinco escritores que dijeron que sí a mi llamado a la colaboración y hoy sus escritos forman parte de mi libro ¡Tú eres mi escogida!

Presiona sobre la imagen para descargar gratis el Diario…

Dos razones para escribir y publicar urgentemente

Escúchalo en YouTube: https://youtu.be/T3Pz3rsKchI

¿Alguna vez te has preguntado cuándo debes escribir? ¿Para cuándo? ¿Es realmente tan urgente que lo haga? Son preguntas que solemos hacernos quienes hemos recibido la encomienda de escribir. Creo que para muchos la respuesta nunca llega a estar clara.

Hoy quiero compartir contigo dos razones por las que debes escribir con un gran sentido de urgencia… Pero antes de continuar, te pido que te unas y suscribas al canal y que compartas el episodio…

Fíjate, muchos solemos estar atentos al último libro de nuestros autores favoritos, conocemos a los escritores cristianos más importantes. Casi siempre son pastores, profetas, ministros de adoración, “gente importante” … Pero… ¿importante para quién? Pues para nosotros mismos que les compramos los libros.

Eso me parece muy bien; el problema está cuando nos vemos como menos importantes, lo que tristemente conlleva que consideremos la misión que Dios nos ha dado menos importante que la que les dio a dichos escritores. Sin embargo, si lo pensamos bien, ¿es realmente tu misión menos importante? ¿Acaso no se trata del mismo Dios?

Creo que el problema radica en que cuando pensamos en escribir, aunque sea un libro de tema cristiano, pensamos en nosotros. Nos decimos: “Mi libro”, “el libro que yo voy a escribir”, “el libro que Dios me mandó a escribir”, “Dios dijo que yo escribiría” … Y podríamos seguir mencionando esa extensa lista de “Yos”: yo, yo, yo y yo…

Y qué tal si le diéramos la vuelta, si miráramos el asunto desde otro punto de vista, el del Cielo. Estoy segura de que nuestra mirada cambiaría del “yo” al “Él” y al “Ellos”.

“Él”, por supuesto, se refiere a Dios; pero no en función nuestra como ya mencioné antes: “Dios me dijo que yo iba a escribir”, Él dijo que yo, yo, yo …”. No, sino en función de Él mismo. Es Su santa voluntad. Se trata de sus propósitos, de sus designios, se trata de lo que hay en su corazón, en su mente, se trata de sus planes eternos.

¡Oh!, si nos deleitáramos en sus deseos, si nos deleitáramos en Él. Si hiciéramos silencio delante de Él, si nos detuviéramos… Si nos concentráramos por un tiempo importante a considerar lo que Él está considerando. Si nos detuviéramos a degustarlo, a saborearlo, a examinarlo, a dejar que se asiente en nuestro corazón, en nuestra mente, en nuestro espíritu hasta que nos llegue la convicción serena, aunque también agresiva de la encomienda. Hasta que se forje en nosotros, así como un actor siente que se va convirtiendo en el personaje que caracterizará tan pronto va sintiendo en su cuerpo las telas de su vestuario, tan pronto se va maquillando y peinando. Asimismo, debemos ser investidos del carácter de un embajador-escritor del Reino de los Cielos. Ese carácter se forja al hacerse obediente, al saberse inmerso por voluntad divina en una misión santa, y al darse cuenta de que no se tiene otra elección, que no le han dado a elegir. ¡Ah!, y al darse cuenta de que se trata de algo urgente, en muchas ocasiones.

Se trata de un encargo como el que se le dio al ángel Gabriel de anunciarle a María que concebiría por obra y gracia del Espíritu Santo. Como el sueño que se le dio a José para que le creyera a María. Pensémoslo. Imaginémonos si Gabriel no hubiese cumplido con su encomienda, si se hubiese retrasado. ¿Qué crees que hubiese hecho el Señor? Si fuera yo, enviaría a otro. No estoy minimizando ni desvalorando ese acontecimiento y lo que implica, pero en un gran sentido es lo mismo. Quien dio la orden es la misma Persona: Dios.

¿Cuántas veces hemos dicho: “Señor, heme aquí, envíame aquí”?. Sin embargo, con esto de escribir como que le decimos: “Señor, heme aquí, pero envía a otro a escribir”. No te estoy criticando. A mí me ocurre lo mismo. No voy a negar que se requiere valentía, pero esta es una comunidad de hijos de Dios que han decidido escribir, aunque sintamos temor.

Algunos nos preguntaremos: “Pero… ¿cuál es la urgencia? Bueno, es que a veces, hay razones demás que nos obligan a escribir y publicar con urgencia, situaciones en las que no nos queda otra alternativa.

Y existen dos tipos de causas principales por las cuales podríamos vernos obligados a escribir con un gran sentido de urgencia: las naturales y las espirituales. Comencemos con las causas naturales.

Puede haber urgencia por escribir si, por ejemplo, te invitaron a participar como orador u oradora a un evento de cualquier tipo como, por ejemplo, a un congreso de esos que se celebran anualmente y que, por lo general, asistes como público. El hecho de presentarte como una autora publicada podría fortalecer tu perfil como experta en el campo y, por lo tanto, el impacto de tu participación, así como las próximas oportunidades, aparte de lo que pueda significar para ti esa oportunidad.

Por otro lado, tal vez, estás ofreciendo un curso (de forma presencial o virtual) y quieras añadirle valor con un libro o cuaderno. De hecho, es posible que sientas que al curso le falta algo para que quede completo, redondo y ese algo pudiera ser ese libro o cuaderno.

Tal vez, seas un emprendedor o emprendedora, tienes tu negocio propio y te has dado cuenta de que necesitas un tipo de cuaderno, de libro informativo o de folleto que no existe y que lo necesitas con las particularidades de tu negocio. De tenerlo, mejoraría todo el proceso de venta del producto o servicio, o mejoraría la administración de tu negocio.

En una ocasión, trabaje con un escritor que tenía su libro escrito hacia varios años, pero decidió por fin publicarlo (con todo lo que eso implica), de repente sintió la urgencia, pues varios de sus seres queridos muy cercanos murieron ese mismo año. Y esto lo hizo reflexionar. Se decía: “No quiero dejar pasar mas tiempo. No quiero morirme sin haber cumplido este sueño”.

En fin, creo que, con esos ejemplos, podemos tener la idea clara. De hecho, me encantaría que comentaras en el grupo en Facebook, que otras situaciones (en el plano natural) se te ocurren que podrían obligarnos a escribir con sentido de urgencia.

Ahora, en el plano espiritual también podemos encontrarnos con la obligación de escribir con un gran sentido de urgencia y esto podría darse de varias formas. Veamos…

No solo el Señor nos encomienda a escribirle urgentemente un mensaje a una persona o a un grupo por whatsapp, por Facebook, en un blog, etc.; sino que es común que ponga un peso por escribir sobre un tema en especifico a un grupo dado de personas, y tú sientes que es un asunto que no puede esperar.

Yo misma he sido testigo de cuando el Señor le habla a una persona a quien le había mandado escribir, la persona ha estado escribiendo, pero por alguna razón, el proyecto no se ha terminado, no se le ha dedicado el tiempo que amerita y el Señor le deja saber que ese libro tiene que salir ya. Entonces, el escritor sabe de qué Dios le está hablando y se ve en la obligación de escribir con un gran sentido de urgencia.

Y aquí es que viene el problema porque podemos escribir con urgencia, podemos terminar el libro, pero por más urgencia que haya, el proceso desde ese momento hasta la publicación de un libro conlleva tiempo porque es… eso… es un proceso que no se da de la noche a la mañana y que ni siquiera se resuelve del todo con dinero y…

Trabajando con los escritores, me he dado cuenta de que a pesar de que hay mucha información, y hasta gratuita, a la hora de la verdad, toman cursos sobre cómo escribir y publicar un libro, desconocen el proceso, lo que les genera tensión, se desesperan y no pueden colaborar efectivamente con su propio proyecto, toman decisiones equivocadas y todo, a fin de cuentas, afecta la calidad del proyecto y de su sueño. Peor aun, tienen expectativas irreales de cómo debe darse ese proceso y de cuan fácil y rápido se debe terminar porque no entienden.

Si lo comprendiéramos, tomaríamos las medidas, haríamos lo que nos toca hacer como escritores y podríamos planificar nuestros eventos, por ejemplo, con el tiempo necesario.

Un libro no se publica de la noche a la mañana, es un proceso que toma tiempo.

Pero nada de esto debe ser un misterio para el escritor. El proceso debe ser igual que cuando, por ejemplo, compramos un artículo en Amazon y, desde el momento que lo pedimos, podemos rastrear su ruta hasta que llega a la puerta de nuestra casa. Así que, si te gustaría saber qué pasa desde el momento que le entregas tu manuscrito al editor hasta la publicación en Amazon, te invito a unirte al grupo en Facebook en el que voy a explicar, desde mi experiencia como editora, este proceso en un Master Class que he titulado: “Road Map: De la escritura a la publicación de tu primer libro”. ¡Mantente atento! ¡Mantente atenta!

Mientras tanto, un buen ejercicio sería que tomaras tu libreta de apuntes y reflexionaras si debes escribir con sentido de urgencia. ¿Qué libro exactamente es el que debes escribir y publicar primero de entre todos los que sientes que quieres o debes escribir?

Luego, piensa con cuánta urgencia debes escribirlo; y, de ser muy muy urgente, preguntémonos por qué razón no lo has escrito todavía, qué te lo ha impedido. Entonces, toma una decisión: ¿Lo escribirás?

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¿Independiente?

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Me pregunto qué te da inspiración para escribir, qué necesitas. ¿Un café cargadito, quizás, puya o bien dulce y bien calientito? ¿Tal vez música o silencio absoluto? ¿Tienes alguna libreta y bolígrafo preferidos? ¿Vas a Starbucks o permaneces en algún lugar de tu casa? ¿Escribes muy temprano en la mañana, en la tarde o la noche? ¿A quién le enseñas lo que escribes?

Te lo pregunto porque todos tenemos nuestras manías, nuestras maneras y preferencias de todo tipo a la hora de escribir como cuando de dormir se trata. Todos necesitamos algo, cosas para poder llevar a cabo la tarea. Sin embargo, ¿acaso no somos autores indi?

¡Ah, bueno!, entonces comencemos por ahí, por aclarar ese concepto.

El término autor indi es el apócope de autor independiente. También, suele usarse escritor indi, es decir, escritor independiente. De hecho, creo que son más conocidos los términos del idioma inglés: indi autor, indi writer.

¿Por qué «indi»? Porque se refiere al autor o escritor que publica su libro de forma independiente; de ahí el término #publicaciónindependiente.

Ahora, ¿independiente de qué? Bueno, independiente de las casas editoriales o publicadoras tradicionales porque, por supuesto, si publicáramos nuestro libro bajo sus sellos, seríamos dependientes de ellas; lo que implicaría que todo nuestro proceso de escritura, de publicación y el producto final, que es el libro, básicamente les pertenece a ellos de alguna forma.

Sin embargo, un escritor de Dios, ¡jamás será totalmente independiente y no debe serlo! Un escritor del Reino de los Cielos es totalmente dependiente de Dios, que es la fuente de la que se nutre, obligatoriamente, un escritor. Claro, más que por la misión que se nos ha confiado de escribir, porque somos hijos e hijas de Dios, y así es como debemos ser.

El escritor instruido en el Reino de los Cielos tiene una necesidad imperiosa de mantenerse pegado a la Vid verdadera si aspira a dar frutos. Nadie es capaz de darlos por sí mismo por más talentoso que sea y, por supuesto, nuestros talentos nos los ha dado, por Su gracia, Él.

Estoy segura de que conoces el pasaje bíblico en el que Jesús nos enseña: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15:5).

Todo lo que creas que te hace falta para poder escribir y publicar ese proyecto de escritura proviene de la Fuente inagotable de vida. Él es la fuente de la que nos provienen tanto los recursos espirituales como los materiales. Lo encontramos en las Sagradas Escrituras: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación» (Santiago 1: 17).

Además, fue Dios quien depositó ese deseo de escribir en tu corazón. Hasta eso nos viene de Él, el sueño, el deseo. La Palabra de Dios lo dice así: «…porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad» (Filipenses 2: 13). Esa es la manera como será mientras anhelemos soñar sus sueños, mientras anhelemos amar lo que Él ama y cumplir su voluntad.

En medio del afán de nuestra tarea por escribir, publicar y todo lo que implica ese proceso –junto con las alegrías, el trabajo arduo y las tristezas– recordar estas verdades nos ayudan a operar en el oficio de un escritor del Reino de los Cielos y a cumplir la encomienda efectivamente y agradándole en todo.

Dios hizo ese compromiso, esa promesa, ese pacto con sus hijos y escogidos de que Él estaría con nosotros todos los días de nuestra vida hasta el final.

Ese es nuestro deseo al igual que lo fue el de Moisés. El caudillo sabía que se le había confiado una tarea mucho más grande que sus capacidades, estudios, experiencia y talentos. Por eso, se sentía necesitado de Dios, de su compañía a cada segundo de esa hazaña y de toda su vida. Y, con Su Presencia, sabemos que contaremos con su protección, su defensa y su provisión.

¿Por qué no le escribes al Señor cuáles son tus necesidades espirituales y materiales, y se las presentas en oración? De paso, agradécele por Su provisión.

Por lo pronto, para comenzar, tienes a la mano varios recursos, además de este blog (escritoresdedios.com):

Presiona la imagen para obtener más información sobre el libro.

“Parte de nuestra tarea como escritores del Señor consiste en entender el oficio a la luz de las Sagradas Escrituras y su manifestación en pleno siglo XXI”.

Yazmín Díaz Torres

¡Gracias por tu visita y por comunicarte a través del “cuestionario”. Espero que podamos hablar muy pronto.



Las Manos de un Escritor

¡El Señor bendiga y unja tus manos! Que desate Su unción y poder tan pronto toquen la pluma y el papel.

Imagen tomada de: padrealexblogspot.com

Anoche tuve una visión: Vi las manos de Jesús recogiendo en ellas las manos de un escritor. Yo acerqué las mías y las puse sobre las del Señor. ¡Qué sorpresa me llevé! ¡Quedé maravillada! No lo esperaba, fue realmente hermoso.

No quería ni respirar para que no se fuera a acabar ese momento tan increíble, así como cuando uno ve una mariposa o un pajarito y uno quiere acercarse sin que se asuste y se vaya. Entonces, uno va caminando como en puntillas como lo hace una bailarina.

Solo veía las manos del escritor o escritora -no lo sé- encerradas en las de Jesús. Ahí quedó la imagen que hasta pude sentir.

Entonces, me arropó una atmósfera en la que podía percibir cuán sagradas son las manos de un escritor de Dios. Son instrumentos del Cielo que Él ha escogido, ungido, separado para registrar, con tinta indeleble, en el corazón de otros – y en el nuestro también- lo que hay en su corazón.

Son manos sagradas, manos custodiadas por el Cielo. No nos pertenecen; tienen Dueño. Son manos que se mueven al compás que marca el Cielo.

Ellas escriben con la tinta del Cielo: la misma Sangre de Jesús que las salvó, las limpió, que santificó, y sigue transformando y moldeando…

Nosotros no las vemos, pero en nuestros escritos quedan las huellas de nuestras manos. En cada hoja están sus marcas, así, como cuando a un recién nacido le entintan sus piececitos para estamparlas sobre un papel que guardarán muy bien y que serán prueba fehaciente de su identidad -en nuestro caso, la de redimidos e hijos de Dios…

Así quedan las marcas de… ¿nuestras manos? en las páginas de nuestros libros y, con ellas, las de Jesús impregnadas con el soplo de su Espíritu.

Son manos obreras, manos que trabajan, manos al servicio, manos que rinden adoración a quien es Amor.

Manos custodiadas por el Cielo, ungidas, bendecidas, preparadas y guiadas por el Señor.

¡Dios bendiga tus manos, escritor!

“La Escritura en el Cielo”

La imagen no me pertenece. Está sujeta a derechos de autor

Si tuvieras la oportunidad de escribir un libro solo cerrando tus ojos y permitiéndote sentir lo que el Espíritu Santo ha depositado en tu corazón, ¿qué escribirías?

Con los ojos cerrados y la respiración profunda, en total paz y sensación de bienestar, ves cómo van saliendo las palabras de tu interior y flotan en el aire.

Ellas se juntan y van formando oraciones, párrafos, ¡páginas enteras!

Hay en la superficie hasta un olor muy agradable que expiden las hojas y escuchas -totalmente sumergida en la experiencia- cuando pasan -ellas solas- una y otra y otra.

Estás en otro lugar. Fuiste a parar a algún lugar del cielo donde los ángeles ayudan a escribir los libros que el Padre nos confió.

Son ángeles que parecen susurrar los secretos revelados que salen como notas musicales desde el corazón de Dios.

Son esas notas las que han impregnado el mensaje en tu corazón y lo han sellado allí.

Por eso, lo has defendido tanto; por eso, las lágrimas…

Entonces, te toca el hombro para que abras tus ojos. “Por hoy -te dice- el tiempo de escritura terminó. Ahora le toca al Señor leer lo que has escrito. Quiere asegurarse de que escribiste exactamente lo que te confió”.

Entonces, esperas impaciente el momento en que vuelva a ser tiempo de “La Escritura en el Cielo”.

Mirando con asombro todas las mesas con ángeles y escritores que habían en aquel salón, le preguntas al ángel: “¿Cuándo puedo volver?”.

Y el ángel te contesta: “¡Siempre te estamos esperando!”.