Un requisito para el escritor profético

En muchas ocasiones, me he angustiado y hasta desesperado cuando me parece que las personas no escuchan la voz de Dios. Cuando sé que sé que tal mensaje es –primero que todo– para mí, para cierta persona o para cierto grupo en específico; pero somos duros de cerviz y no queremos escuchar por distintas razones. Lo sé porque puedo recordar que, por años, oía a mis hermanas y a mi mamá hablar apasionadamente del Señor, contar las grandezas que estaba haciendo en sus vidas y en la de otros, iban a la iglesia, servían…

Sin embargo, no las escuchaba, a mí ni me interesaba el tema; así que no era mucho lo que teníamos en común. Es más, me molestaba cuando las escuchaba. Mis oídos estaban completamente cerrados y mi corazón endurecido a pesar de que creía en Dios, hasta que un día, como Saulo de Tarso, me choqué con el Señor. Me espanto de solo imaginar qué sería de mí si el Señor no hubiese abierto mis oídos y mis ojos, si no hubiese tocado mi corazón, si no me hubiese buscado y llamado: «¡Yazmín, estoy aquí, estoy aquí!».

Años después, cuando ya le servía, me dieron la oportunidad de ofrecer una reflexión en la iglesia donde me congregaba. Como siempre, le pedía que me dejara saber lo que había en su corazón para las personas que íbamos a recibir su mensaje. Recuerdo que me encontraba de rodillas en mi cuarto, en el mismo lugar donde solía orar, pidiéndole que me hablara. De repente, «escuché» claramente cuando dijo: «¡Conviértanse! ¡Yo ratifico mi pacto!».
¡Por poco me muero del susto! Además, sentía que no estaba preparada para dar ese mensaje. Estaba muy asustada, sin contar que el mensaje no era muy simpático a pesar de que era un llamado de amor y de misericordia del Señor.

Lo más increíble es que el mensaje era para el cuerpo de Cristo. Era para quienes se suponía estábamos ya convertidos. Quedé como estremecida por un golpe muy fuerte. Mientras me preparaba, tenía constantemente que levantarme de la mesa de trabajo, ir al cuarto a arrodillarme, orar, llorar, pedir perdón, suplicar, pedir que me diera fortaleza y, por supuesto, mucha sabiduría. Todavía lo guardo y me estremezco. Sin embargo, este es un mensaje que Dios ha venido dando desde el Antiguo Testamento, el Nuevo y continúa dando a través de sus hijos. Por otro lado, el importante no es el vocero de Dios; lo importante es el mensaje y quien lo envía, que es el mismo Dios.

A veces, es orgullo; otras veces, terquedad, rebeldía, desobediencia… No importa cuáles sean las razones, lo cierto es que cuando no escuchamos a Dios, cuando no seguimos su consejo, sus advertencias, su corrección, su llamado amoroso, estamos en graves problemas. Ahí están las Sagradas Escrituras para comprobarlo. Siempre me ha llamado la atención unos versos bíblicos que se encuentran en el libro de Isaías 65: 1-5 y quiero compartirlos contigo en diversas versiones de la Biblia.

Reina Valera 1960

«Fui buscado por los que no preguntaban por mí; fui hallado por los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: Heme aquí, heme aquí. 2 Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos; 3 pueblo que en mi rostro me provoca de continuo a ira, sacrificando en huertos, y quemando incienso sobre ladrillos; 4 que se quedan en los sepulcros, y en lugares escondidos pasan la noche; que comen carne de cerdo, y en sus ollas hay caldo de cosas inmundas; 5 que dicen: Estate en tu lugar, no te acerques a mí, porque soy más santo que tú; éstos son humo en mi furor, fuego que arde todo el día».

Ahora, en la versión Nueva Traducción Viviente:

«Estaba listo para responder, pero nadie me pedía ayuda; estaba listo para dejarme encontrar, pero nadie me buscaba. “¡Aquí estoy, aquí estoy!”, dije a una nación que no invocaba mi nombre. 2 Todo el día abrí mis brazos a un pueblo rebelde. Pero ellos siguen sus malos caminos y sus planes torcidos. 3 Todo el día me insultan en mi propia cara al rendir culto a ídolos en sus huertos sagrados y al quemar incienso en altares paganos. 4 De noche andan entre las tumbas para rendir culto a los muertos. Comen carne de cerdo y hacen guisos con otros alimentos prohibidos. 5 Sin embargo, se dicen unos a otros: “¡No te acerques demasiado, porque me contaminarás! ¡Yo soy más santo que tú!”. Ese pueblo es un hedor para mi nariz; un olor irritante que nunca desaparece».

Finalmente, Traducción en Lenguaje Actual:

«Yo he salido al encuentro de gente que no me buscaba; a un pueblo que no me había llamado, yo le dije: “Aquí estoy”. 2 Siempre he estado dispuesto a recibir a ese pueblo rebelde, que va por malos caminos y sigue sus propios caprichos. 3 Ese pueblo siempre me ofende: ofrece sacrificios a los ídolos y quema incienso sobre unos ladrillos. 4 Este pueblo se sienta en los sepulcros y pasa la noche en las cuevas para rendirles culto a sus muertos; hasta come carne de cerdo y llena sus ollas con el caldo que ha ofrecido a los ídolos. Este pueblo anda diciendo: “No se metan con nosotros; somos un pueblo elegido por Dios”».

Inspirándome en esos versos, escribí lo siguiente hace ya un par de años:

¡Aquí está la grandeza de Dios! Casi todos nosotros los que lo amamos, confesamos y adoramos, fuimos beneficiarios de esta verdad. No andábamos buscándolo, pero lo encontramos. En realidad, quien nos buscó y nos encontró fue Él.
Él es un Dios que busca y no se cansará de buscar y de encontrar a quienes nunca se les ocurriría buscarlo. Muchos ni siquiera preguntábamos por Él. Muchos escuchábamos acerca de Dios, pero las palabras no nos iluminaban el alma ni nos conmovían ni nos convencían ni nos convertían.
No nos interesaban. No las entendíamos. No nos transformaban. ¡Éramos sordos y ciegos espirituales! Pero Él nos buscó y nos encontró para que nosotros pudiéramos encontrarlo. ¡Aleluya!
Hoy sigue gritándoles a las naciones: «¡Heme aquí! ¡Heme aquí!» Es decir: «¡Estoy aquí! ¡Estoy aquí!».

¿Quién podrá escaparse de Quien todo lo ve, de Quien se deja hallar hasta por aquellos que ni preguntan por Él ni lo buscan?

Te he hecho toooda esta historia y es ahora cuando llego al punto de este capítulo…

Como embajadores-escritores de Dios, nos encontraremos con ese tipo de actitudes cuando compartamos el mensaje que Dios nos ha instruido anunciar, incluso, a los creyentes, a los convertidos. Te tiene que haber sucedido ya. Uno quisiera convencer a las personas, hacer todo lo que está en nuestras manos porque comprendemos la importancia y la seriedad del asunto, el poder y la autoridad de quien realmente lo envía. Es posible que suframos oposición y persecusión a causa del mensaje y, para eso, no tiene que ser de corrección. Muy bien pudiera anunciar el amor, la misericordia y la bondad de Dios, pero ¿crees que al infierno le agradará?

¿Por qué el rey quemó el rollo en el que se encontraban las profecías que Dios le había dado a Jeremías? (Jeremías 36). A pesar de ser un mensaje en el que Dios mostraba una vez más su misericordia al dar la oportunidad de que el rey y el pueblo sobre el cual reinaba se arrepintieran; también se trataba de una advertencia muy seria, pues Dios estaba a punto de ejecutar su juicio.
Sin embargo, el rey no quiso escuchar e hizo trozos el rollo y lo echó al fuego. Tal era la insistencia de Dios que ordenó al profeta escribir nuevamente el mensaje anterior, pero ahora, le añadió unas cuantas cosas más. Aun así, el rey no reaccionó, sino que ordenó a sus hombres que buscaran a Jeremías y a Baruc para encarcelarlos. Solo que, en esta ocasión, ya Dios había dictaminado el juicio contra el rey.

Por eso, no puedo olvidar la instrucción que Dios le dio al profeta Ezequiel que podemos encontrar en el capítulo 2: 1-10:

Levántate, hijo de hombre —dijo la voz—, quiero hablarte». 2 El Espíritu entró en mí mientras me hablaba y me puso de pie. Entonces escuché atentamente sus palabras. 3 «Hijo de hombre —me dijo—, te envío a la nación de Israel, un pueblo desobediente que se ha rebelado contra mí. Ellos y sus antepasados se han puesto en mi contra hasta el día de hoy. 4 Son un pueblo terco y duro de corazón. Ahora te envío a decirles: “¡Esto dice el SEÑOR Soberano!”. 5 Ya sea que te escuchen o se nieguen a escuchar —pues recuerda que son rebeldes—, al menos sabrán que han tenido un profeta entre ellos.
6 Hijo de hombre, no tengas miedo ni de ellos ni de sus palabras. No temas, aunque sus amenazas te rodeen como ortigas, zarzas y escorpiones venenosos. No te desanimes por sus ceños fruncidos, por muy rebeldes que ellos sean. 7 Debes darles mis mensajes, te escuchen o no. Sin embargo, no te escucharán, ¡porque son totalmente rebeldes! 8 Hijo de hombre, presta atención a lo que te digo. No seas rebelde como ellos. Abre la boca y come lo que te doy».

Esa es también la instrucción para ti, Escritor, Escritora del Señor. Acepta el llamado a escribir para y con el Señor. Escribe el mensaje exactamente como te lo dio sin importar si fue a través de un sueño, de una visión, de una palabra profética, si es producto de tus experiencias, de tus estudios, preparación, oficio o profesión. ¡Eso no importa! Solo presta atención a lo que te dice. ¡Debes dar el mensaje!

No tiene que darse como en el caso de Ezequiel. Exigirle a Dios cómo debe hablarnos es absurdo. ¿Te imaginas?

Obedece. ¡No seas rebelde, escritor, escritora del Señor! Esa fue la advertencia que Dios le hizo a Ezequiel en el verso ocho. Come de su Palabra y come del mensaje que te confiará o ya te ha confiado. ¿Te das cuenta?

Es posible que recibas rechazo, críticas, juicio, incluso, de los más cercanos; sin embargo, el llamado de Dios es: escribe independientemente de cuál sea la respuesta. El Señor nos insta a no temerles ni a ellos ni a sus palabras ni a sus amenazas ni a la cara que pongan ni a su rebeldía. Él ha hecho tu frente de pedernal, es decir, Él te ha preparado, te ha dado fortaleza y te seguirá capacitando para la tarea que te ha encomendado: «He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes. 9 Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa rebelde» (Ezequiel 3: 8-9).

Sin embargo, amado escritor, amada escritora del Señor, hay algo más: es necesario que Sus palabras entren en lo profundo de nuestro corazón para sentir como Él siente respecto a ese asunto y a esas personas. Es necesario arraigar esta encomienda a nuestro corazón.

De esa manera, podremos obedecer Sus instrucciones, podremos recibir fortaleza, sabiduría y el carácter para llevarla a cabo a la manera de Jesús. De esa manera, no profanaremos algo tan sagrado como lo es llevar a cabo lo que nos ha confiado. No queremos ofrecer fuego extraño como los hijos del sacerdote Aaron. No queremos cargar el arca del pacto incorrectamente.

¿Cómo podría penetrar el mensaje que Dios nos ha confiado en el corazón de los demás si primero no lo ha hecho en el nuestro?

«Hijo de hombre, que todas mis palabras penetren primero en lo profundo de tu corazón. Escúchalas atentamente para tu propio bien. 11 Después, ve a tus compatriotas desterrados y diles: “¡Esto dice el SEÑOR Soberano!”. Hazlo, te escuchen o no» (Ezequiel 3: 10).

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Aspectos a considerar si Dios te ha llamado a escribir


Ámbito EspiritualÁmbito Natural
Vida Espiritual IndividualAutor Independiente
Vida Espiritual ColectivaTema del libro
Llamado/Servicio/Oficio Ejercicio de la Escritura

ÁMBITO ESPIRITUAL

– Cultivar nuestra relación (comunión, intimidad) con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo
– Cultivar nuestra vida como miembro del Cuerpo de Cristo
– Cultivar el estudio y meditación de la Palabra de Dios
– Procurar el estudio de los fundamentos bíblicos del oficio del escriba

ÁMBITO NATURAL

– Estudio del significado, de las implicaciones y del proceso necesario para convertirse en un autor independiente
– Investigar, leer y estudiar sobre el tema del cual deseo escribir
– Ser diligente y disciplinado con el tiempo que dedico a escribir

GOYA

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Retrata la realidad sobre la opinión pública que ya existía para aquel tiempo en torno a la vocación de maestro.

Cuando estudiaba, en los años 90, a la Facultad de Educación, en la Universidad de Puerto Rico, se le llamaba “el Refugio”. ¡No quiero imaginarme cómo  se le llamará ahora!

Enseñar es un arte y es muy cierto que hay que amar la profesión. Lo mismo sucede con los médicos, las erfermeras; y, lamentablemente, como los maestros, los hay buenos y malos.

¡Claro, no debemos conformarnos! Así no son las cosas ni tienen que ser. Sin embargo, el tema de la educación en Puerto Rico es harina de otro costal.

Lo que deseo puntualizar es cómo, históricamente, muchas familias han desalentado a los hijos a estudiar Educación argumentando que “se morirán de hambre”.

En el fondo, muchos preferirían que sus hijos estudiaran para ser médicos, abogados, arquirectos…

Lo mismo ocurre con los artistas. Y, cuando utilizo la palabra “artista”, lo hago refiriéndome a su connotación más pura.

Si buscamos su significado en el diccionario (significados.com), un artista es:

“La persona que hace o practica arte, ya sea, por talento innato o profesionalmente.

Artista deriva del latín “ars” o “artis” que indica la capacidad para hacer algo; junto con el sufijo “ista” que indica una profesión u oficio.

Un artista puede ser referido en los cuatro siguientes contextos:

1. alguien que ejerce profesionalmente o tiene preparación académica en un área de las bellas artes como música, pintura, escultura, danza o poesía…
2. quien trabaja en el área del espectáculo
3. persona con talento para crear obras artísticas
4. persona que muestra una habilidad especial en una actividad artesanal como, por ejemplo, un chef o un orfebre”( final de la cita).

Aunque siempre ha existido un debate entre los mismos artistas sobre si un artesano es un artista o no, lo cierto es que sus obras requieren talento, destrezas, originalidad y creatividad.

Tampoco este es  el punto de este escrito.

Al artista le ha sucedido como a los maestros. Su familia suele alterarse mucho por la preocupación de “¿de qué vivirás?”.

Además, a muchos les parece que en realidad no es un oficio ni profesión lo suficientemente elegante ni prestigiosa.

Este “fenómeno” sucede en el ambiente secular, ¡imaginémoslo en el contexto de la iglesia!

A pesar de que algunas religiones, concilios y congregaciones le han abierto un poco las puertas a las artes,  lo cierto es que en la mayoría de los casos, se circunscribe a quien toca un instrumento, a quien canta, a quien danza y, tal vez, a los shofaristas.

A la iglesia todavía le falta mucho en este asunto y, mientras tanto, los pintores, los actores, los escultores, los fotografos, los escritores… siguen sentados en las bancas de las iglesias desde pequeños.

Muchos no encuentran su espacio en la que debería ser una casa en la que se les reciba con los brazos abiertos; pero no por una persona con una sonrisa dibujada y, en ocasiones, forzada exageradamente y obligada.

¿De qué vale si tan pronto entramos, tenemos que amoldarnos y limitar nuestro servicio a Dios dentro de los parámetros de los líderes o del concilio de cualquiera de las religiones y denominaciones?

He venido, muy tímidamente, escribiendo sobre este asunto.

Dios sigue levantando voces como la de Ileana Ruiz y su ministerio “Efesios Creativo”, quienes se dedican, no solo a concienciar y educar; sino a desarrollar  espacios, a preparar y capacitar, incluso, ministerialmente.

Por eso, quiero compartir las ideas sobre este aspecto del autor, artista y pastor, John  Christ Otto, quien se ha dedicado a cumplir con esta tarea a través del mundo.

En uno de sus libro, Bezalel, el autor manifiesta (según mi traducción de esta cita extensa):

“Durante muchos años, luché con mi propio llamado a ser un artista creativo.

Cuando era joven, escuché el mensaje de que ser artista podría ser la ocupación más baja que una persona podría elegir. Y debido a que trabajo con hombres y mujeres que han luchado por cumplir con su llamado, sé que mi experiencia no fue única. Quizás hayas escuchado alguna de estas frases:

1. “Mantén tu trabajo diario”.

2. “¿No has oído hablar del artista hambriento?”

3. “Pero, ¿cuándo vas a conseguir un trabajo de verdad?”

Tal vez te hayan “etiquetado”.

Algunas de las etiquetas que reciben las personas artísticas incluyen: perezoso, estúpido, soñador, imprudente, ADD / ADHD, irresponsable, crítico, egoísta.

Mientras reflexionamos sobre el poder del nombre Bezalel, la sombra de Dios, la imagen de Dios, tómese un tiempo para escribir cualquier nombre o etiqueta que los maestros, padres, pastores o compañeros de escuela le hayan puesto.

Puede que tenga que perdonar a esas personas. Una vez que haga esto, pídale a Dios que le dé el nombre que le ha dado. Como puede ver, hay mucho en este hombre Bezalel” (fin de la cita).

Si recuerdas, Bezalel, el artesano o artista, fue elegido por Dios, nada más y nada menos para que construyera el Arca del Pacto.

Mira las maravillosas palabras registradas en Éxodo 31: 1 en adelante:

“Luego el Señor le dijo a Moisés: 2 «Mira, he escogido específicamente a Bezalel, el hijo de Uri y nieto de Hur, de la tribu de Judá. 3 Lo he llenado del Espíritu de Dios y le he dado gran sabiduría, capacidad y destreza en toda clase de artes manuales y oficios. 4 Es un maestro artesano, experto en trabajar el oro, la plata y el bronce. 5 Es hábil en grabar, en incrustar piedras preciosas y en tallar madera. ¡Es un maestro en todo trabajo artístico!”

Otto desmenuza y profundiza todo lo que tiene que ver con el llamado, la unción y servicio al que fue llamado, por Dios, “este artesano”.

¿Para qué? Para la tontería “de construir, ¡no!, de crear con toda clase de arte, el lugar que cargaría la misma presencia de Dios.

Lamentable, a muchos se les hace imposible entenderlo, más allá de la cajita, del cuadrito en el que han metido a Dios.

Les es imposible ver las intenciones, las implicaciones para el Reino de los Cielos, que se deberían manifestar a través de lo “creativo”, de las artes, por mandato divino.

Peor aún, obstaculizan la obra redentora de Dios.

Son muchas las ideas que quisiera compartir, pero la que deseo enfatizar en este momento es esta:

El artista escogido por Dios ha sido lleno del Espíritu Santo para dotarlo de todo lo que necesita y, así, cumplir con la encomienda que le ha comisionado: ¡Car-gar  la Pre-sen-cia de Dios!

Tomado del libro (inédito): Escritores de Dios: Artesanos del amor, de Yazmín Díaz

Diferencia vs Indiferencia

“El Señor dijo: Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.”

(Hechos 8: 15 – 16)

El apóstol Pablo escribió sus cartas a las distintas comunidades de fe a raíz de su amor genuino hacia sus hermanos, ya fuesen líderes u “ovejas”.

Fue su amor por el Señor y, consecuentemente, hacia las almas lo que hizo la diferencia.

Pablo era diferente. Pablo marcó la diferencia desde el momento justo en el que el Señor lo llamó.

Nunca más pudo ser indiferente a la vida en tinieblas en las que vivían los que no conocían al Señor, al sufrimiento de los oprimidos por el sistema de gobierno y el propio sistema religioso de la época.

Pablo se presentó delante de reyes y gobernantes tal y como el Señor se lo había avisado.

No fue indiferente a las necesidades de sus hermanos, al progreso de las iglesias que establecía, tanto así que en algunos casos deseó ir por segunda y tercera vez para verificar dicho progreso, aunque en ocasiones le fuera imposible.

Al apóstol le importaban tanto los “nuevos” y los “viejos” convertidos, que se preocupaba por conocer el estado espiritual en el que las iglesias se encontraban.

Identificaba conflictos entre hermanos, problemas o fallas, así como el peligro y la amenaza que representaban las falsas doctrinas que atentaban contra la Verdad enseñada.

Es que su vida fue diferente desde que el Señor lo encontró, lo llamó y lo comisionó. Ese fue un llamado a ser diferente, a hacer la diferencia. ¡Y vaya qué diferencia!

El Evangelio que Pablo vivió no era un “Evangelio Light” como se titula y argumenta un libro. Supo, desde el principio, que sufriría a causa del Evangelio.

Tanto así que cuando Ananías le responde al Señor con temor y resquemor ante Su instrucción de que se levantara, fuera a la calle Derecha, buscara a Saulo de Tarso y le pusiera las manos encima para que recobrara la vista (Hechos 8: 11 – 12), el Señor lo tranquiliza diciéndole que Pablo sufriría mucho por Su causa:

“El Señor dijo: Ve, porque instrumento escogido me es este, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.”

(Hechos 8: 15 – 16)


¡Pablo no podría, aunque quisiera, ser indiferente! ¡Había sido marcado para ser diferente!

¿Recuerdas tú el día en que le dijiste que “Sí” al Señor?

Ese día dijimos: “Sí, Señor, estoy dispuesta a ser diferente. Renuncio a la indiferencia”.

¿Cuán diferentes podemos y estamos dispuestos a ser en estos tiempos de tanto revuelo político, corrupción, injusticia social, falta de amor…?

¿Cuán diferentes podemos ser como Jesús, el Diferente?

¿Cuánto me duele y resisto la Indiferencia?

¿Qué causa o causas me hacen querer ser diferente? ¿A qué le llamamos “diferente”?

Es fácil: Nosotros vivimos en este mundo, pero no somos de este mundo. Pertenecemos a otro Reino. Somos ciudadanos del cielo.

¿A quién seguimos? ¿De quiénes somos seguidores?

¿Cuán diferentes somos como para parecernos a Cristo?

¿Cuán indiferentes para no parecernos?¡No debemos ser ni parecernos al mundo!

40 “Tips” para escribir para y con Dios

Jerry Jenkins es un escritor de Dios. Muchos de sus libros son éxitos de venta.

A través de sus páginas y de su escuela en línea ofrece recursos valiosos para quienes están escribiendo o comenzarán a escribir.

Yo, por ejemplo, he tomado el de Escritura Inspiracional.

En este artículo, quiero compartir contigo 40 sugerencias que ha citado de expertos para quienes desean escribir.

Las traduje lo mejor posible, pero incluyo el enlace para que visites la página de Jerry Jenkins.

Si accedes, notarás que si presionas sobre cada consejo, podrás leer la sugerencia completa, conocerás el nombre del autor e incluye su foto, entre otros detalles.

Por eso, algunas sugerencias se repiten.

1. La historia es lo que realmente atrapa la atención del lector.

2. Establece el hábito de leer libros como el que deseas escribir y publicar.

3. Mantente aprendiendo.

4. Comienza tu lista de correos electrónicos (email list) lo más pronto posible.

5. El verdadero significado de tus escritos viene de las palabras que fluyen de tus dedos.

6. Escribe mucho y permite la crítica de vez en cuando.

7. Escribir se trata más del viaje que del destino.

8. Publica tu escrito en línea, aunque no esté perfecto.

9. Tómate tu tiempo.

10. El mejor escrito a quien le sirve es al lector, no al escritor.

11. Saca tiempo para escribir.

12. Sueña en grande, haz de a poquito.

13. Crea el hábito de escribir todos los días.

14. Desarrolla tu vida espiritual.

15. Sumérgete y asústate después.

16. Sé humilde. Escucha consejos. Sé enseñable.

17. Desacelera y dedícale tiempo a tu creación.

18. Sé paciente. Toma tiempo mejorar en tu habilidad.

19. No utilices como excusa el hecho de que eres introvertido (a).

20. Cree en ti mismo.

21. Presta más atención a los detalles.

22. Lee lo más posible de lo que se haya escrito en tu género.

23. Tu carrera como escritor no es acerca de ti.

24. Los expertos no siempre saben lo que es mejor.

25. No existe tal cosa como un libro al instante.

26. No intentes hacerlo solo.

27. Sigue lo que te hace feliz.

28. Ningún gran arte fue jamás creado sin un gran corazón.

29. Establece relación con potenciales lectores.

30. No temas decir que sí.

31. No presumas que debes seguir el mismo camino de algún escritor en específico.

32. La historia triunfa por sobre la estructura.

33. Escribe por amor a escribir, no por lo que puedas obtener.

34. La disciplina es clave.

35. Escribe diariamente.

36. Tus escritos no son acerca de ti.

37. No esperes.

38. Escribe sobre lo que te apasiona.

39. Encuentra y expande tu “tribu” (nicho, lectores).

40. Conviértete un un feroz editor.

https://jerryjenkins.com/writing-tips/

La obra maestra

Somos la obra maestra de Dios. Una obra que siempre está en evolución, en constante formación y transformación.

Una obra que no abandonará nunca hasta completarla:

“Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva” (Filipenses 1: 6, NTV).

A mí me encanta hacerme preguntas y esta es una que me hago constantemente: “Yazmín, ¿cuán de acuerdo estás con los planes del Señor para tu vida?”.

Pero me gusta más esta: “Señor, ¿cuál es tu voluntad para mi vida en relación a tu plan redentor?”.

¿Cuál has decidido que será mi participación? ¿Cómo puedo hacer para recibir paz y asumir mi posición con la actitud y de la forma correcta?

Ayúdame a mantener mi corazón, mi vida entera unido al tuyo. Ayúdame a escuchar lo que hay en tu corazón y que me importe lo que a ti te importa.

La respuesta parece sencilla porque por supuesto que todos quisiéramos que se cumpliera su voluntad en nuestras vidas. Pero por un lado, está su voluntad; por el otro, cuál creemos que es su voluntad para nosotros y cuánto colaboro.

Colaborar nos hace pensar en acción, en tareas, actividades que debemos llevar a cabo.

Sin embargo, colaborar, ponernos de acuerdo con Él, también es esperar, estarnos quietos. Y esa es una acción, claro que sí. Creo que hasta más difícil, precisamente porque asociamos colaborar y servirle al Señor para que se cumpla su voluntad con acciones. No con esperar y estarnos quietos.

Mira, yo lo comparo con el silencio. Es fácil escuchar sonidos agradables y desagradables. Sin embargo, a mí me gusta escuchar el silencio.

¿Escuchar el silencio? Pues sí, si hacemos silencio, podremos escuchar el silencio y este es música a mis oídos.

¿Y por qué esto es importante?

Porque, aunque sabemos que Dios nos ha hecho partícipes de su plan redentor, lo cierto es que en muchas ocasiones, estamos tan concentrados en nuestras propias vidas y asuntos que perdemos la justa perspectiva de lo que ocurre a nuestro alrededor.

Y más que a nuestro alrededor, se trata de ese querer conversar con el Señor para recibir paz, pero también, para obtener la justa perspectiva de lo que sucede a nuestro alrededor desde su mente, de su corazón, de su lente.

Jamás entenderemos la mente de Dios, pero nos ayuda a colocar nuestra vida y a visualizarla, a asumirla de otra manera.

Nos permite ir deshaciéndose de todo lo que no es indispensable, pero que hemos dejado que ocupe un espacio importante en nuestra mente, alma y espíritu.

Lo que quiere decir que parte de colaborar con los planes del Señor para nuestra vida es vaciarnos, despojarnos de todo peso y deshacernos de lo que no es tan necesario como para que le demos tanta atención.

Que Él quite y nos dejemos quitar es parte de su obra creadora en nosotros porque cuanto quita, limpia, pule, lija, suaviza, brilla y pone lo que proviene de su misma esencia para ir formándonos y que nos parezcamos cada vez más a Él.

Dios está creando todo el tiempo en nuestras vidas, nos está forjando, nos tiene las manos puestas encima como todo un alfarero, aunque en ocasiones sintamos que nos tiene entre un yunque y un martillo.

Tomado de: Escritores de Dios, Artesanos del amor, de Yazmín Díaz